Guarida de criminales

De vez, en vez, policías, dan golpes que estremecen y perturban al pueblo, provocando que cuando el ciudadano ve a un uniformado de estos, sienta más miedo e inseguridad, que tener de frente al peor de los delincuentes.

Y, como si se tratara del guion de una obra, siempre salen voces, minimizando estas crueldades, de quienes están para garantizar el orden y seguridad, alegando que malas acciones de unos cuantos, no refleja el accionar de la policía.

Pero ojalá, fuera cierto, pues los hechos reflejan, es una minoría la que se ajusta al buen desempeño, porque constantemente vemos caer gentes buenas a mano de gatilleros uniformados, como ese, que ejecutó a una dama productiva, la arquitecta Leslie Rosado.

Quien, acompañada de su hija menor, encontró a este criminal, que, con fines inconfesables, se atravesó en su camino, al salir de celebrar el cumpleaños de su progenitor en Boca Chica. He reiterado, los vicios que la policía arrastra desde su fundación en 1936, por Trujillo.

Creada para espiar y perseguir a políticos enemigos; en lugar de prevenir el delito, y quienes relevaron al tirano, no hicieron nada diferente, y mantienen intactas esas estructuras criminales a lo interno de esta.

No nos extrañaría, si todavía en cuarteles, encontramos esta perla, “policía, el civil es tu enemigo, combátelo”, pues bajo esta doctrina, fue formada la mayoría de oficiales ahí. Cuando Balaguer, para justificar la muerte del cualquier ciudadano, sólo había que alegar “era enemigo del régimen” y ese agente terminaba ascendido de rango, por matar a un “comunista”.

Quizás a Elito, le perdonemos mantuviera la policía de su benefactor, pues siendo el continuador de la dictadura, de otra forma no podía proceder, pero que «demócratas» no hayan podido cambiar eso, deja mucho que desear.

Ahí están las estructuras que creó “Moncho Henríquez”, temible coronel, encargado del aterrador Servicio Secreto, que dejó un cementerio en todo el país, de jóvenes asesinados por su ideología. Pero llegaron al poder “liberales”, y esos departamentos no desaparecieron, sólo cambiaron de nombres y figuras, pero con la misma estructura, que, con la aparición del crimen organizado, su accionar criminal se expandió, ofreciendo un menú de servicios, que van desde cometer asaltos, secuestros, ajustes de cuentas y tumbes.

Empeorando la seguridad, porque en aquellos tiempos narrados más arriba, sólo quienes éramos jóvenes, temíamos encontrarnos con esos agentes, pero incluso, si andábamos acompañados de mayores o una mujer, no existía mucho peligro.

Los policías respetaban al ciudadano, y ni hablar, si se trataba de una dama. Y fíjense, con la sangre fría, que este desalmado policía, fuera de servicios, alista su arma, para dispararle a una mujer que no representaba ninguna amenaza para él.

Quienes siguen justificando estos hechos repetitivos de agentes policiales, creen que el pueblo no conoce ese pasado; aunque el presidente Abinader, parece desconocerlo, cuando cree, que una reforma policial resuelve un mal tan arraigado y con bases tan profundas.

Cuando en realidad, el problema de la policía sólo se resuelve disolviéndola, y creando una institución con carácter provincial, y no nacional, porque eso es lo que alimenta el caos en dicha institución, con una enorme cantidad de generales y coroneles, que cada uno crea su isla de poder, y el director que llega ahí, tiene que pactar con ellos para mantenerse en el cargo, convirtiéndola en guarida de criminales.

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