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En Santiago de los Caballeros no marcharon solo trabajadores. Marchó la dignidad
Bajo una consigna que retumba en todo el país “la cesantía no se negocia” hombres y mujeres salieron a defender lo poco que aún protege al trabajador frente a la incertidumbre del despido.
Porque no nos confundamos: tocar la cesantía es golpear directamente el sustento de miles de familias dominicanas.
Hoy, desde ciertos sectores, se pretende presentar como “modernización” lo que en el fondo es un retroceso. Se habla de reforma al Código de Trabajo de la República Dominicana, pero lo que se siente en la calle es otra cosa: desconfianza, indignación y resistencia.
La cesantía no es un lujo.
No es un obstáculo para el desarrollo.
Es un mínimo de justicia en un mercado laboral desigual.
Quitarla o debilitarla sería dejar al trabajador a la intemperie, sin red, sin garantía, sin respeto.
Lo que ocurrió en Santiago no es un hecho aislado. Es una señal.
Una advertencia.
Cuando un pueblo siente que le arrebatan derechos, responde.
Y esta vez, ya empezó a responder.
Porque hay cosas que no se negocian.
Y la dignidad del trabajador es una de ellas.