Elsa Brito de Domínguez

Mi madre, Elsa Brito de Domínguez, me pidió publicar los pormenores del acto en el cual el Ateneo Dominicano le entregó el reconocimiento “Salomé Ureña”. “Pedro, me dijo, debes hacer una reseña al respecto, no es por mi, es que el Ateneo cumple 150 años de fundado y eso hay que destacarlo; naturalmente, sería interesante que me mencionaras”.

Le respondí que yo no era cronista social y que no se vería bien que en un medio tan importante como este un hijo esté alabando a su madre, por más que lo mereciera y que los lectores me acusarían de parcializado. Cedí. Acordamos que haría un párrafo sobre la actividad y que luego resaltaría algunos de sus pensamientos.

“El Ateneo Dominicano galardonó a la profesora Elsa Brito de Domínguez, con el reconocimiento “Salomé Ureña”. Hubo una presencia masiva. Contó con la presencia  de los directivos del Ateneo Dominicano y del Amantes de la Luz de Santiago, así como de personalidades del país, entre ellas la honorable vicepresidenta de la República, Raquel Peña. El acto fue bendecido por monseñor Benito Ángeles”.

Ahora sus reflexiones: “Vive de tal manera, que cuando te vayas, mucho de ti quede en aquellos que tuvieron la dicha de encontrarte. La vida es un soplo, la destreza de la inteligencia y de la conciencia limpia es desglosar las nubes que nos separan de la otra frontera. Si tenemos fortaleza para apreciar la última vela encendida en la tierra, su humus volará como esencia santa y se desparramará como sombra de paz para el reino de los bienaventurados”.

“Líbrame de creerme que siempre estamos en descanso y que somos estatuas. Tengo energía y vida interior. Hay que batallar, la lucha es diaria”. “No solo de Pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios”. “Toda persona tiene su sitial en la ronda de la vida. Saber colocarse es ver la señal de Dios. Esa libertad con toque de prudencia está cargada de discernimiento. Lo sencillo es más libre, flota el pensamiento…”.

Madre, en nombre de tus hijos Francisco, Alejandro, José Luis, Elsa María y yo, te damos las gracias por educarnos con libertad e independencia, pero siempre dentro de los límites del bien. Hemos sido arropados por tu ejemplo. Gracias por enseñarnos el don de ser útiles y firmes. ¡Felicidades por el homenaje!