Opinion
El último compañero de camino
Ayer se nos adelantó hacia la Casa del Padre el muy querido monseñor Tobías Cruz. Con su partida se va el último de mis compañeros de seminario, de aquellos con quienes compartí los años de formación, los sueños de juventud y la alegría de responder al llamado del Señor. Hoy, de aquel grupo, solo quedo yo.
Monseñor Tobías fue un hombre pequeño de estatura, pero grande de corazón. Hasta los últimos años de su vida conservó intacta esa disposición para servir. A sus casi noventa años seguía respondiendo con generosidad allí donde lo llamaban. Nunca buscó protagonismo; le bastaba saber que estaba cumpliendo la voluntad de Dios.
Descansa en paz, querido hermano. El bien que sembraste seguirá dando frutos. Y nosotros, que hoy te despedimos con lágrimas, conservamos la esperanza de volver a encontrarnos en la alegría eterna de la Casa del Padre. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.