El buen accionar

Hace poco, tuvimos la  experiencia siguiente: mientras nuestro vehículo se encontraba estacionado, tuvimos el percance de que un joven conduciendo un pequeño camión, impactó el nuestro con el brazo que tenía el vehículo que utiliza a modo de grúa para levantar el peso de los motores de carro.

En el momento en que ocurrieron los hechos no estábamos presentes, sino que fuimos informados, una vez, salimos del lugar en que nos encontrábamos reunidos, ese conductor, junto a una vecina del entorno donde por lo regular frecuentamos en asuntos de trabajo de la radio, se nos acercaron para indicarnos sobre lo que había sucedido y asumiendo su responsabilidad el conductor del camión.

La reacción primera, fue de disgusto, pensando todo lo que había que hacer para la reparación de nuestro vehículo y de que al momento de estacionarlo no nos llevamos de la intuición al momento de dejarlo, de que por alguna inexplicable razón lógica, no lo dejáramos en ese sitio, que de forma habitual lo hacemos. Sin embargo, rápidamente, atinamos a pensar que teníamos suerte de que ese joven había sido lo suficientemente responsable como para esperarnos que saliéramos para informarnos sobre lo que había acontecido.  En esa misma vertiente, estaba la vecina, que nos decía de forma constante, que diéramos gracias de habernos encontrado con alguien decente.  Y así lo asumimos de forma inmediata.  Hasta este relato, se dieron dos acciones positivas: la del responsable del incidente y el de la vecina, que asumía, con su buen consejo, una buena postura.

Ahora bien, el momento del impacto a nuestro vehículo lo hizo con una pieza que sería la parte final del brazo-grúa, el cual se había despegado al impactar nuestra guagua.  Inmediatamente, se dio el acuerdo sobre lo que haríamos y del intercambio de informaciones y de documentos para proceder e ir a uno de los centros automovilísticos para levantar el acta, lo que importaba era ahora localizar esa pieza que le faltaba al pequeño camión grúa, que debía, por lógica, haber estado en el pavimento cuando golpeó nuestro vehículo.  Pero la búsqueda resultó infructuosa.

Entonces procedimos, auxiliar al joven conductor a la búsqueda de su aparato, porque era un instrumento y pieza de su trabajo y no deseaba dejarlo por perdido y no entendíamos que había pasado, pero nos sospechábamos que alguien lo había “tomado prestado”.  Procedimos a ubicar las cámaras posibles que hubieran podido captar todo.  Así fue, otro vecino, ubicó en la suya, todo cuanto había ocurrido  al momento del incidente, y del golpe a nuestro vehículo, se ve la pieza que sale volando hacia el pavimento a un lado de nuestra guagua.  Y se ve a los pocos minutos, varios vehículos de motor pasarle por el lado y hasta transeúntes, y luego, se ve un motorista, que observando la pieza se detiene, la recoge y en vez de ponerla a un lado, ya que la tomó, se la lleva tranquila y pacientemente.

Hemos detallado de forma lo más meticulosa posible, cómo ocurrieron los hechos.  Y hacer notar, que en toda la narrativa, existen varias acciones positivas, de responsabilidad; apoyo; solidaridad; empatía; para nombrar las positivas  y la negativa, la del que conduciendo un motor se lleva algo que no le pertenece, para no devolverla y sabrá qué beneficio sacarle.

Nos queda el buen sabor de toda esta experiencia, que en este país son los más que creen en actuar de forma correcta; sana; dando la cara; y ofreciendo una mano amiga.  Y saber, que aún nos falta como nación, transitar caminos en vía de seguir ahondando en la educación; elevar la conciencia; y generar con nuestro proceder correcto, buenos ejemplos.   Porque conocemos de situaciones, en el que se dan los incidentes en las carreteras y aparecen personas, con la sola intención de tomar o robar a quienes se han accidentado, en vez de socorrerlos.  Son muestras de que cómo ente social, debemos reflexionar para cambiar.

José Jordi Veras R.