Opinion
Del Escritorio : ESCOPETA A LAS MISMAS PALOMAS.
A raíz de la desafortunada, desalentadora e infundada, lectura de la motivación para el dispositivo del caso Wander Franco, podemos resumirlo en forma contraria con aquel dicho popular, que dice: “Las palomas le tiran a las escopetas”, como queriendo significar que algo distinto ha sucedido o que ha causado sorpresa porque se ha actuado en forma contraria. “Las escopetas siguen tirando a las mismas palomas”.
Y aunque si se ha actuado en una manera no aceptada por la gran mayoría de la población, no deja de ser el mismo proceder en que desde el ámbito de la justicia se actúa frente al tema de violación a menores de edad, y todo aquello que tenga que ver o esté relacionado con la violencia de género e intrafamiliar.
Lo sucedido en Puerto Plata con las motivaciones ofrecidas por el juez presidente, cayeron como baldón de agua fría la semana pasada y no fue para menos, pero, desde juristas y comunicadores dieron su parecer contrario a dicha decisión, porque buscar o intentar utilizar el mecanismo del artículo 346 del Código Procesal Penal, dentro de las 9 razones o justificaciones por las cuales podría haberse otorgado, se perdió el juzgador o pudo más su convicción y razonamiento cultural, que su justeza o máxima experiencia como magistrado, porque utilizar consideraciones que no tienen nada que ver con lo jurídico para encuadrar dicha disposición en un hecho de violencia de menor, no hay manera de justificarlo.
El juez que presidió ese tribunal de la ciudad de San Felipe de Puerto Plata, actuó acorde a como entienden una parte dentro del sistema judicial, que no acaban de comprender, que previo a evaluar la postura del imputado, no debe dejar de lado, el de la propia víctima, de la cual nadie se ha referido porque se ha dejado volar al morbo.
Sin embargo, solo se tomó en consideración, al imputado pelotero, y la menor fue dejada de lado, cuando se le menosprecio y victimizó, sin tener que pronunciar su nombre, quedó ausente de la protección de quienes debieron también, hacer un papel de ser garantes. Pero, así, como de mal, actuó la madre frente a su propia hija, lo hizo el tribunal ante ella.
También le faltó al tribunal, a la propia sociedad, porque un hecho así, nunca debió ser atenuado ni justificado, alegando el Perdón Judicial, porque todo quiso fundamentarse en que la acción no debió salir a la luz pública.
No solamente desde el ámbito del tribunal se actuó de forma inadecuada con el tipo de razonamiento que se utilizó para fundamentar una disposición legal a favor del imputado, sino, que en algunas esferas de la ciudadanía, solo veían, el hecho como un engaño al pelotero, cuando estaba bien consciente de que hacía algo prohibido gravemente por la ley y hasta por las reglas de su organización, porque en cierta forma se actuaba desde el prejuicio en contra de la menor.
En esa decisión de Wander Franco, ¿dónde está la protección del Estado a la menor de edad? ¿En castigar de forma única a la madre?
Cuando un hombre vestido bajo el amparo de Juez o magistrado, expresa, lo siguiente:
“Mujeres fáciles, consecuencias difíciles”. ¿Está haciéndolo desde su prejuicio y estereotipo como hombre? Porque como juzgador, faltó a los parámetros de imparcialidad, dignidad humana y protección integral que debe tener toda decisión judicial. Se salió de su labor garantista hacia la sociedad y la menor y solo miró hacia el lado del imputado a quien consideró, victima colateral, ¡bárbaro!
Para finalizar, todo esto, nos recuerda, una caso que tuvimos hace más de quince a veinte años, en el que una menor había sido violada por quien conducía el vehículo escolar. Y conociendo una Medida de Coerción, el juez, le permitió salir con apenas una fianza pírrica. Y luego de salir del proceso, el mismo juzgador, nos comentó, como buscando justificarse ante el encono y desagravio nuestro, lo siguiente: “Licenciado, es que las niñas de ahora, con esas falditas y pantoloncitos ponen loco a cualquiera”. O sea, la culpable de haber sido violada y acosada esa niña del caso que indicamos ahora, era de la menor por su forma de vestir o mejor dicho, por la manera de pensar del juez.
Pues eso mismo que indicamos del caso de referencia que llevamos hace casi veinte años, fue el mismo razonamiento se utilizó para el de Wander Franco. Es que se sigue pensando que las “escopetas deben seguir disparándoles a las palomas”, porque seguimos creyendo en esta sociedad y sistema, que los hombres tenemos el permiso de actuar o hacer contra las mujeres y menores lo que nuestro instinto animal nos dicte.
El mismo gatillo que se haló para aquel caso, se utilizó para la menor de edad que fue víctima de abuso por parte de Wander Franco. Es el mismo pensamiento que aún prevalece en ciertas cabezas de mujeres y hombres que están llamados a juzgar, pero siguen solo viendo, la misma forma de disparar hacia cierta calidad de víctimas.
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