Cultura viva – “El servicio”

Muchas de ellas viven en el lugar más estrecho, oscuro, menos ventilado y discriminado de la casa. Allá atrás, ׅ“al fondo a la derecha”. Cerca de los servicios para lavados de ropa y de los detergentes. Respira a escasas pulgadas de un sanitario y de la ducha. Un tubo atravesado por cualquier parte sirve para colgar su escaso vestuario.

Sus manos preparan corrientes y excepcionales platos. Todos en el hogar se han acostumbrado al sabor inconfundible de su sazón, pero no puede comer, ni desayunar ni cenar en la mesa junto con los señores de la casa: por el contrario, muchas veces una mano sirve de mesa mientras la otra sostiene una pieza llamada cuchara, va alternando la ingesta con la llamada permanente de un “páseme ׅesto…pásame aquello…y, naturalmente, el debido  “por favor”, siempre brilla por su ausencia.

En un texto legal sus derechos como trabajadora están  definidos técnicamente “como trabajadores domésticos a aquellos que se dedican de modo exclusivo y en forma habitual y continua a labores de cocina, aseo, asistencia y demás, propias de un hogar, que no importen lucro para el empleador” (SIC). Pero una función esencial no descrita es el soporte ofrecido por complicidades a situaciones emocionales, educativas y sicológicas de todo tipo, apoyada en un rudimentario esquema de tradiciones.

Su valor material en el mercado es medalaganario  y su ingreso depende más de antojos y misericordias de terceras personas: que si mi comadre o mi tía me la recomendó…la pobre ya tuvo los hijos que iba a tener…Eso sí, nunca olvides que los dueños  de la casa son de tal o cual manera…Cuidado con esto, eso o aquello…para justificar su depreciación salarial se acude muy a menudo al patriarcado o matriarcado para dejar “caer los sobrantes para tu familia”, que si el vestido casi nuevo, que si los muchachos desecharon los zapatos…En cambio, su valor moral debe ser primario.

La familia crece, progresa y se expande…mientras ella realiza su rutina en una órbita cerrada. Mientras con una mano recibe inclemencia, con la otra pretende dulcificar la herida. Ellas representan el “96.5%” del trabajo doméstico nacional “con dormida”, viviendo casi encerradas y ofreciendo servicio mañana, tarde y noche…en algunos casos, hasta sexo incluido. Las cifras oficiales (¿?) consignan entre 18 y 38 años.

Y  así se esfuma su vida celebrando el éxito ajeno; y cuando se acerca el final de su vida útil, la van desplazando  sin un sistema funcional de protección social. “Es tiempo para que la familia de esa trabajadora se la lleve y se haga cargo de ella”.

Algún día, ella será una grata  evocación, una anécdota nostálgica en una fecha esencial, aunque en ese universo humano quede reducido a Nana, a Tata, a Mecho y a queséyoquién…

Lincoln López