Opinion

¡Cantaron “Por amor”, hay esperanza!

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El día que murió Johnny Ventura, un amigo me invitó a su hogar. Allí había una fiesta de jóvenes. Al saludarlos, pregunté qué opinaban  sobre nuestro gran merenguero. Solo uno dijo algo, pero entre dientes, con una inseguridad espantosa.  Concluí que era oportuno saber el sentir de nuestros mozalbetes con relación a nuestros artistas de siempre. Y les pregunté de inmediato: ¿Alguien conoce la canción “Por amor” y su autor? En el grupo, mutismo absoluto.  Y mientras me daban la espalda me miraban como expresando: ¡Caramba, deje de molestar!

Cuando escuché la música que colocaron, mis tímpanos se marchitaron, mi corazón dejó de bombear, mi cerebro se embotó y el anhelo de marcharme se aceleró. ¿Por qué involucionamos tanto en ese arte, cuando se supone que la humanidad debe avanzar? ¿O seré yo el equivocado, el atrasado que no entiende la realidad de los nuevos tiempos?

Al acostarme, reflexioné que en la música  juzgar lo que es bueno es subjetivo. Demasiados gustos tenemos los hijos de Dios para encasillarnos y las opciones son interminables. Nadie puede criticar al que prefiere Tatico Henríquez que Beethoven,  ambos con gran calidad en su género; eso sí, aunque lo respete, nunca asimilaré que alguien admire más a Tokischa que a Serrat.

Valoro y apoyo la diversidad artística, aunque algo no me agrade; pero el arte se desarrolla en una libertad que, en cierto modo, tiene su límite en la medida que degrada la dignidad humana, estimula el mal comportamiento o promueve la ilegalidad, lo que suele estar acompañado de falta de calidad. Eso es libertinaje y merece repudio. Es dañino. La juventud es la principal víctima y los resultados negativos son evidentes.

Pero el pasado domingo un evento logró que superara la amarga experiencia contada. Con motivo de las Fiestas Patronales Santiago Apóstol, en Santiago de los Caballeros, hubo un concierto homenaje a la música del maestro Rafael Solano, con la producción y dirección de Rafelito Mirabal, acompañado de una orquesta de 20 músicos, donde nos entregaron su voz Niní Cáffaro, Adalgisa Pantaleón, Paín Bencosme, Fátima Franco, Flor Canela  y Rubén Mirabal.

El espacio estaba lleno, con un público eufórico compuesto por muchos jóvenes que cantaban con entusiasmo las canciones de Rafael Solano. “Es magia”, “Un atardecer”, “Dominicanita”, “Una primavera para el mundo” (el autor es René del Risco Bermúdez) y varias composiciones  más. Y, naturalmente, al final. “Por amor”, interpretada por todos los artistas, al compás de Niní Cáffaro y con un coro de jóvenes muy distinto al que observé en la casa del amigo. ¡Hay esperanza! Valorar nuestro buen arte es esencial si deseamos avanzar como personas y como sociedad.

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