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Yelidá : El poema del mulataje antillano

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 18 octubre 2019

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4. LA AVENTURA DE LOS DIOSES Y EL TRIUNFO DE LA MULATIA.

En la cuarta parte (“Un paréntesis”) se narra la aventura de los dioses noruegos en las Antillas. 
    
Al enterarse de que Erick había fallecido, estas divinidades emprenden viaje hacia Haití, y ya aquí buscan a los dioses caribeños (Wangol, Badagris, Agoué, Ayidá – Queddó) a quienes les piden, implorantes y llorosos, salvar la última gota de la sangre de Erick que circulaba por las venas de Yelidá, “la escandinava inocencia de una gota de sangre”, generándose de esa manera un conflicto racial entre dioses negros y blancos, cada uno de los cuales luchaba por preservar la porción de la sangre de sus respectivas etnias, aprisionada en el cuerpo de Yelidá. 
   
 Los dioses nórdicos temían y se lamentaban del cruce biológico, de que su sangre, trasplantada en otro cuerpo ajeno a su mundo, por “la aventura de cosas de hombre” y “cosas de mujer “:
    
“Perdida iba a quedar para su ártico
en el flotante archipiélago encendido
perdida iba quedar para su mansa
vegetación de pinos ordenada
perdida iba a quedar para su lucha
de olas aceite y peces
perdida iba a quedar para Noruega
en las islas de fuego condenada”
    
Ese conflicto, se nos presenta como la más auténtica representación simbólica de la lucha histórica que tuvieron que librar los pueblos americanos, colonizados por las grandes naciones europeas, en pos del logro de su independencia o de su autodeterminación.
    
Pero el poder sobrenatural de los dioses afroantillanos se impone, vale decir, los dioses blancos fracasan en su intento, porque la noche en que llegan, “Yelidá había tenido su primer amante…”, y este hecho consolidaba sus vínculos insulares o la ataba fuertemente a la realidad sociocultural donde nació y creció. Por esa razón los dioses noruegos, “rota toda esperanza”, regresaron a su tierra. 
    
Triunfan los dioses negros, y esa victoria entraña un significativo valor simbólico por cuanto representa el triunfo de nuestras raíces culturales, el triunfo de la raza mulata, el triunfo del ser americano. 
    
En “Otro después” el poeta – narrador nos presente un perfil descriptivo acerca de los atributos sensuales y seductores de Yelidá: 
    
“Con alma de araña para el macho cómplice del espasmo
Yelidá por el propio camino de su vientre
asesina del viento perdido entre los dientes de la gruta
ahí se estaba vegetal y ardiente
en húmeda humedad de hongo y de liquen
caliente como todo lo caliente…”

5. EL POEMA TERMINA, PERO NO LA HISTORIA

Un solo verso, “desconcertante”, al decir de Baeza Flores: “Será difícil escribir la historia de Yelidá un día cualquiera”, conforma la parte última del poema (“Un final”), y cierra los diferentes estadios de la épica historia. Es como si Hernández Franco quisiera dejar sentada en la mente del lector, la idea de que la historia de Yelidá quedó inconclusa y que ojalá surja alguien que un día cualquiera pueda terminarla. 
    
El asunto central que se describe en Yelidá es la síntesis racial, la fusión de las razas blanca y negra que dan como resultado un nuevo engendro étnico: la raza mulata, expresión racial del continente americano. De ahí que esta composición, al decir del ya citado crítico, Rosario Candelier:

“… entraña una defensa de la cultura mulata y, simbólicamente, una forma de representar una parte muy significativa de nuestra idiosincrasia biológica, social y cultural. Lo que Yelidá representa – continúa el destacado escritor mocano – es la expresión de lo criollo en su doble dimensión histórica y mitológica, la epifanía de lo auténticamente mulato en su vertiente caribeña, antillana e insular». (7)
    
Pero la unión del negro con el blanco no solo va a engendrar un nuevo tipo racial, el mulato, sino también, una nueva cultura, la cultura mulata. Y es esa cultura la que magistralmente aparece descrita en el poema.
    
Con Yelidá, Tomás Hernández Franco aporta una de las obras poéticas de mayor trascendencia artística y significación literaria de la literatura dominicana. De perceptible y hondo aliento vanguardista, el poema constituye un fiel retrato de la realidad social, histórica y cultural de los pueblos afroantillanos, con sus rasgos entrañables: con sus magias y sus misterios; con sus religiones y sus mitos; con sus ritos y sus danzas; con sus costumbres, creencias y tradiciones.
    
Nos presenta este singular texto la visión panorámica y poetizada de una franja insular, en la que lo racial y lo sexual aparecen en primer plano, y en donde lo mágico y lo mítico se funden con la realidad, conformando, en última instancia, las bases de nuestra identidad, así como los lazos o raíces que definen y nos atan al ser americano. Unos nexos culturales que nos vinculan a un paisaje histórico que no ha sido, al parecer, del todo explorado. Un mundo, América, cuyos máximos anhelos faltan por materializarse, y cuya historia falta por escribirse en forma íntegra, razón por la cual el poeta decide terminar el relato afirmando que: 

“Será difícil escribir la historia de Yelidá un día cualquiera”

NOTAS:

1. La entrevista se realizó en Santo Domingo, el día 15 de febrero de 1989.
2. Hernández Franco, Tomás, Apuntes sobre poesía popular y poesía negra en las Antillas, San Salvador, Ateneo de El Salvador, 1942.
3. Caba Ramos, Domingo, Tomás Hernández Franco: Un ilustre desconocido, Suplemento Isla Abierta, Hoy, 20/4/91).
4. Rosario Candelier, Bruno, La creación mitopoética,Editora Taller, Santo Domingo,1985, p.55
5. Según el diccionario de la R.A.E, alegoría es la «Figura que consiste en hacer patentes en el discurso, por medio de metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, ambos completos, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente»
6. Alcántara Almánzar, José, Estudios de poesía dominicana, Alfa y Omega, Santo domingo, 1979, p.149
7. Ídem, p. 67