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Hablan de nosotros

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 24 septiembre 2019

Hace semanas estuve de visita por segunda ocasión en Canadá, país que me impresionó bastante en esta ocasión, porque pude palpar con mayor conciencia aún más rodas las virtudes de esta gran nación. 
    
Ya habia escrito sobre el tema de manera general, sin embargo, lo ocurrido hace unos días en que murieron cinco jóvenes de San Francisco de Macoris que murieron fruto del accidente en que se vieron involucrados.  Si bien es cierto que se pueden sacar muchas conclusiones de lo ocurrido, deseo enfocarme en lo que se refiere a lo que ha sido tema de mucha plana en diarios todos los años y de artículos, el aspecto de las muertes por accidente en nuestras carreteras. 
    
Algo de lo que pude notar mientras estuve de visita en aquel país, y de aquellas cosas me llamaron poderosamente mi atención fue la forma en que se maneja y se transita en ese nación  extranjera, puedo definirlo en una sola palabra: “los canadienses le temen a las consecuencias”. Esto último, es de los principales cosas que  nosotros como sociedad no tenemos. Se nota el mismo respeto a las reglas en las calles, se ve en cada ámbito donde te mueves, algo que aquí nos falta en demasía. 
    
El desorden y caos que vemos en nuestras calles, es lo mismo que reflejamos en todo otro estamento del país. Muy simple, no le tememos a las consecuencias.   Pero tampoco existen las condiciones para imponer el orden deseado.
    
Mientras en Canadá se alarman en el año 2017 por 314 muertes, aquí hablamos de 10 veces esa cantidad. Expongo lo que el editorial del 18 de los corrientes próximo pasado, del  diario El Caribe, exponía lo siguiente: 
    
“Con mayor razón, todos lamentamos las muertes que ocurren a causa de los accidentes, tantos (en 2016 murieron 3,118 personas, y en 2017, 2,804 a causa de los mismos accidentes) que ya son considerados una pandemia, con el agravante de que pareciera que no tiene remedios”.
    
“Nos alarmamos cuando ocurren hechos como el más reciente en que cinco muchachos de San Francisco de Macorís perdieron sus vidas. (Hablamos de los muertos por esa causa, pero escasamente se mencionan los lesionados. En 2016 resultaron lesionadas 105 mil 873 personas, y en 2017 otras 97,821 sufrieron daños a veces con secuelas, como limitaciones motoras”.
    
“Y ni hablar de los impactos en la economía y en la estabilidad emocional de las familias)”.
    
“Nos inquietan todas esas cosas, todos esos accidentes, pero no se enfatiza en los factores, en las causas que los generan. Pocos desean mirar hacia allá. Las instituciones, cuando levantan sus registros se conforman con identificar los tipos de accidentes: volcaduras, estrellamientos, colisiones, choques contra animales, caídas de vehículos, atropellamientos”.
    
“Pero no siempre se resalta que los accidentes con mayores índices de letalidad están asociados a la ingesta de alguna sustancia que afecta las capacidades de los conductores”.

“No se registra la temeridad, que es una suerte de arrogancia que empuja a correr riesgos innecesarios; tampoco la imprudencia, que no requiere explicación, y aquella que todos llevamos dentro: la violencia. Hay agresividad entre los conductores y escasamente se practican algunas reglas de cortesía. Peor aún, tampoco se valora el sentido de las normas del tránsito, es decir, el respeto a la ley”.

Este editorial antes enunciado, no tuvo desperdicios, porque retrata simple y llanamente lo que somos como sociedad. Nuestras vías de circulación no son otra cosa, que el reflejo de lo que somos y lo que hoy está generándose en esta sociedad.  Habla de nosotros.  Nos falta temor a la ley y quien la haga respetar, basado en educación, o sea prevención, y aplicando las sanciones.