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Insensatez

Publicado por Redaccion Diario55  |  Editorial |  jueves 10 marzo 2016

Los paros frecuentes en los hospitales convocados por el Colegio Médico Dominicano nos hablan del fracaso del diálogo entre el gremio y las autoridades de salud. Estos días de angustia para los más empobrecidos nos muestran que la sociedad dominicana parece encaminarse hacia posturas rígidas, intransigentes, sin tomar en cuenta a quienes afecta esa posición. Al negarse a buscar una solución al conflicto están jugando con la vida de miles de dominicanos que no pueden pagar una consulta privada.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI haya un país en el mundo en donde los pobres sufran la impotencia de soportar una enfermedad sin nadie que vaya en su auxilio a calmarles el dolor, porque quienes están llamados a asistirles están en huelga? Señores, ¡están poniendo en peligro la vida de un ser humano!

Como hemos expresado en ocasiones anteriores, reconocemos los justos reclamos de los médicos, quienes exigen aumento salarial, pensiones dignas, que incluyan el cien por ciento del salario, el 5% del Producto Interno Bruto para mejoría del sistema hospitalario, entre otras reivindicaciones, pero el método de lucha para alcanzar estos beneficios choca frontalmente con el derecho de los más pobres del país, que se ven privados de las atenciones médicas.

Sabemos lo hiriente y decepcionante que debe ser para un médico que pasó los mejores años de su vida estudiando, y cuya profesión le exige formación permanente, observar salarios escandalosos en la administración pública, o los ayuntamientos, devengados por personas, que en muchos casos su único aval ha sido vestir su conciencia de un color partidario.

Frente a las huelgas médicas se impone la sensatez. Pensar en los más humildes. Dejar atrás la prepotencia y arrogancia de un lado y de otro. Es urgente buscar soluciones. No continuar echando más leña al fuego de la crisis en los hospitales, politizando las demandas, porque mientras se continúa en discusiones estériles los pobres se van consumiendo entre las llamas de la indiferencia de quienes tienen en sus manos la solución de un problema vital.