Opinion
A propósito de mafias
Hace poco un abogado de esta ciudad de Santiago hizo una denuncia pública sobre una supuesta mafia de abogadas y abogados que están ligados de manera familiar con jueces y en la cual también participan fiscales, la cual fue depositada en la Procuraduría General de la República hace unos días. Esto también se dio a conocer por distintos medios de comunicación.
Mientras escuchaba las declaraciones del profesional de derecho, licenciado Arnaldo Gómez, indicar que buscaba frenar la supuesta mafia porque había perjudicado a su cliente que era un acreedor y a otras personas, que según él menciona en la denuncia depositada ante el Ministerio Público y de lo cual tiene conocimiento el Poder Judicial, nos hizo traer a la memoria, las luchas que libró nuestro padre, en su oportunidad hace años, precisamente contra abogadas y abogados y el calvario que tuvo que atravesar hasta lograr la condena disciplinaria en contra del que estaba a la cabeza de la misma.
Dentro de esas peripecias que tuvo que atravesar por años en los tribunales hasta la Suprema Corte de Justicia, fue la cantidad de personas que “tocaron” puertas por ese abogado y su mafia, desde políticos, Obispos, Colegio de Abogados del momento, entre otros. Y lo que pudo lograrse al menos, fue la suspensión del execuátur por un año, cuando pudo haber sido por más tiempo o retirarlo definitivamente.
Esto claro, no evitó que la mafia continuara de forma tímida, pero prosiguió. Aunque se marcó un ejemplo de un antes de ese hecho y después.
Lo risible es, que habían togados de Santiago y Santo Domingo, que a sabiendas de las artimañas de este accionar, utilizaban por “detrás” los servicios de este abogado y mafia, porque decían condenar esas acciones pero preferían que fuera otro que las llevara a cabo. Esto era tener doble moral y de eso está llena esta profesión, lamentablemente.
Hemos traído todo esto a colación, porque de haber una mafia, u otra o es la misma de antes o ya con otros integrantes, si es que existe, sería bueno saber la opinión del Ministerio Público a estos fines y del Poder Judicial, ante el organismo del Consejo, para que de ser cierto, esto no se le permita seguir desarrollando esta práctica que de ser así, vendría a darle mayores visos a la maltrecha seguridad jurídica que hoy tenemos y que ha dado mucho trabajo recuperar su confianza.
Además, se hace imprescindible para las nuevas generaciones de abogadas y abogados, buscar mantener lo bueno que aún queda y que el tigueraje y el cualquierismo, no se siga adueñando de los estamentos judiciales y de esta profesión, que aunque algunos no lo crean, es aun importante en búsqueda de crear niveles de alta credibilidad y certidumbre en el quehacer profesional y judicial.
Vivimos convencidos, de que, es y será, a nuestro modo de ver, más importante, lo moral y lo ético que lo legal, porque lo último puede ser manejado y manipulado, pero no así los primeros conceptos.
Y es importante, que se busque despegar la espiga del trigo y remover lo que hoy tenemos como ejercicio profesional y que comience a salir la podredumbre que aún intenta adueñarse de lo que es la práctica del mejor derecho y dista mucha de las maniobras, robos y estafas, en la que pueda participar alguien que se haga llamar profesional del derecho, que hace tiempo deshizo esa nomenclatura, por la de timador, ladrón y estafador.
Cuidado con esa denuncia y ponerle atención a la misma y al accionar de quienes han seguido los pasos de otros que en el pasado tocaron esa alfombra y que siempre serán llamados y cautivados por la desesperación y ambición económica, antes que la decencia y el decoro. A las instituciones emplazadas y gremio llamados a preservar lo que es o queda de la profesión de abogadas y abogados, que no se queden en un “secreto a voces”.