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Querido Hugo Chávez

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  sábado 7 marzo 2015

Lo recuerdo como ahora, es como si fuera una estampa que llevo fija en mi mente. Transcurrían las horas del martes 5 de marzo del 2013. Avanzaba en un autobús desde Santiago de Cuba a Granma, provincia ésta ubicada a 127 kilómetros.
    
En los últimos días la salud del Comandante Hugo Chávez se había complicado. Temprano en la mañana, el compañero de la casa donde me alojaba en Santiago, me había informado del  último reporte médico sobre la situación del presidente venezolano. Fue cuando me dije: ya no hay esperanza.

Por lo tanto, estábamos a la espera del desenlace final. Así que con el pensamiento puesto en Chávez,      quizás albergando que se produjera un último milagro, avanzábamos rumbo a Granma ese martes. Y mi inquietud no era mía sola.
    
Se advertía en la cara de cada cubana y cada cubano, y aun de algunos extranjeros, que ocupábamos el vehículo en esos instantes y de las compañeras y compañeros que transitaban por la calle.     En los hogares era exactamente igual: Pegado al televisor siguiendo a Telesur o al radito escuchando a Radio Reloj, la emisora informativa de Cuba, o rastreando los medios por internet.
    
Las horas de la tarde del 5 de marzo del 2013 transcurrían en medio de esa atmósfera tensa y preocupante. Pasaban de las 4:00 de la tarde. Exactamente no preciso en qué lugar justo estaban las manecillas del reloj en ese momento en que el autobús arribaba   a la terminal granmense.
   
 Lo que si recuerdo con bastante claridad es que, con tan solo echar una mirada hacia el área circundante y el interior del establecimiento, vi  rostros tristes, compungidos y muchos  ojos llorosos, y eso bastó para darme cuenta de que lo peor –con relación al Comandante- había ocurrido.
   
 No me pude contener y mis ojos también  comenzaron a humedecerse. Nervioso y un tanto atormentado, apuré los pasos para encontrarme con mi colega, compadre y hermano Eugenio Pérez Almarales, uno de los periodistas más populares de Granma, que me esperaba desde hacía ratos.
    
“Si compa, acaba de fallecer Chávez”, fue literalmente el saludo que me dio al recibirme, aunque no era necesaria la confirmación, porque apenas con observar la cara de dolor y de tristeza de las personas que se encontraban  en el área, eso se podía colegir.
   
 La gente se arremolinaba frente a un pequeño aparato de TV instalado en su centro, encima de un murito. Hacia allá se dirigían todas las miradas en esos momentos. Era cuando un locutor, desde Caracas,  confirmaba que a las 4 y 15 de la tarde  de ese martes -5 de marzo- había dejado de existir, claro físicamente, el Comandante más comandante de todos los comandantes de los últimos tiempos: Hugo Rafael Chávez Fría.
    
Fue como si el mundo, en esos instantes, se hubiese venido abajo. Vi a muchas compañeras y a muchos compañeros llorar tan intensamente como si hubiese tratado de algún  familiar cercano que se le había muerto. La tristeza no solo arropo a Granma sino a toda Cuba a partir de ese momento…y todavía!

Este 5 de marzo del 2015 se acaban de cumplir dos años de la partida de este justo. Martí proclamó: la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, y yo le tomo la palabra al apóstol porque en el caso del Comandante Chavez, este pudo haber partido físicamente, pero en verdad esta clavado con ganchos de aceros en el corazón de todos los hombres y mujeres de buena voluntad del Planeta.
    
A él le digo, como le dice la amiga Amalia Vila en un texto que encontré en Cubadebate: Dos años sin verte y aún el dolor duele; incluso en la alegría que nos dejaste, en la felicidad de cada niño con su Canaimita, en la sonrisa de la madre y mujer trabajadora al recibir las llaves de su primer hogar, en los ojos del anciano que se iluminaron al ver el amanecer de tus sabanas, en tu Barrio Adentro salvando vidas sin preguntar precio.
     
No te vimos crecer porque tú naciste crecido, como el rio que se levanta para limpiar la tierra, y como presagiando el destino, forjaste a tus hijos en la sabiduría, el entendimiento, enalteciste la historia de tu pueblo, le devolviste la dignidad y el orgullo, y como buen bolivariano convertiste tuyo su pensamiento, e hiciste valer su frase: “Como amo la libertad tengo sentimientos nobles y liberales; y si suelo ser severo, es solamente con aquellos que pretenden destruirnos”.
   
 Querido Hugo, hay tantas cosas que quisiera escribir sobre ti, pero no me alcanzaría la vida.

Te extendiste como rama de un árbol para cobijar a tu Latinoamérica, el Caribe, y más allá. Por ti estamos más unidos, defendiste a ultranza las nobles causas, luchaste por la sobrevivencia del planeta; y la voz del continente se alzó contigo en cada tribuna para reclamar su derecho a la vida, su derecho a elegir la soberanía necesaria para crecer.
    
No voy a terminar, porque hablar sobre ti no tiene fin, solo recordar lo que escribió el amigo fiel y leal, Fidel, quien te acompañó junto a su pueblo en tu batallar: “El 5 de marzo, en horas de la tarde, falleció el mejor amigo que tuvo el pueblo cubano a lo largo de su historia”…. “Nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo”… “Esa fue la lucha de Hugo Chávez”. “Ni siquiera él mismo sospechaba cuán grande era”.
    
Querido Comandante Hugo Chávez, por ti, y por todos los que han luchado, luchan y seguirán luchando por una  patria y un  mundo mejor…¡prometemos 
continuar en combate hasta la victoria siempre!