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Los perseverantes tarde o temprano triunfan

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 12 enero 2015

Dicen que los que se detienen nunca ganan y los ganadores nunca se detienen. Por eso hay que avanzar, aunque sea gateando. Nunca nos sentemos a lamentarnos, que los quejidos dañan el ánimo. No hay cosa más pésima que el pesimismo.

Me fascinan los emprendedores, los que además de preocuparse se ocupan de sus asuntos. Admiro a los que siguen sus sanos instintos, a los que nunca se tiran a muerte, aún en la peor de las circunstancias.

El éxito no se compra ni se hereda, se alcanza con sacrificio y empeño. Solo se coronan los que se lanzan al ruedo y toman decisiones sin miedo. La vida aplaude a los que confían en sí mismos, a los que saben que ellos son los responsables de sus propios destinos. Los que no se rinden son los mejores. Los valientes son los protagonistas del mundo. Quien ama lo que hace, vive satisfecho, y sus propósitos los logra con facilidad.

Eso sí, todos los triunfadores, para llegar a serlo, han probado el fracaso en repetidas ocasiones. Esas caídas, y a veces entre más estrepitosas mejor,  son las que nos hacen empinar y alzar vuelo. Veamos el ejemplo de Abraham Lincoln, uno de los personajes más importantes de todos los tiempos. Lincoln sufrió innumerables derrotas, pero nunca se dio por vencido, no se cansaba de romper barreras, hasta llegar a la meta.

En 1833 pretendió ser elegido en la Cámara de Representantes y perdió varias veces. Luego, en 1848, fue derrotado en  su segunda nominación al Congreso y no fue aceptado como oficial en 1849. Pero Lincoln continuaba intentándolo. En 1854 no pudo ser Senador. Dos años más tarde perdió la nominación para la vicepresidencia y fue de nuevo derrotado en el Senado en 1858.

Y Lincoln seguía, hasta que en el año 1860 fue electo presidente de los Estados Unidos de América y ya sabemos la enorme contribución que hizo a su país y a la humanidad, especialmente con el respeto a la igualdad de las personas.

Seguir hasta el fin, no cansarse, echar la pelea, no desilusionarse, luchar por lograr nuestros objetivos, deben ser nuestro norte. Seamos como Lincoln, que todo se conquista en base a trabajo, honestidad y perseverancia.