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Desorden e inmundicia

Publicado por Adalberto De Leon  |  Opinión |  lunes 17 noviembre 2014

El pueblo dominicano es inocente, o vive borracho, porque al decir de creyentes, existe un Dios, que cuida los primeros, y el Diablos, que protege a los últimos. Porque tanto desorden e inmundicia no pueden generar más que tragedia.

Es llover sobre mojado, hablar del desorden imperante en lugares de acopios de alimentos en la capital, y la Hidalga Ciudad de Santiago. El Hospedaje Yaque, data de 1953, y el dantesco escenario que ofrece este Mercado público es deprimente.

Pero ninguna autoridad municipal se ha dignado en buscar la solución de dicha plaza. El Mercado Nuevo, construido a principio de los 70s, donde finaliza la Avenida Duarte, enclavado entre los sectores de Villas Agrícolas, Capotillo, La Zurza y Cristo Rey, en el Distrito Nacional, merece el premio a la promiscuidad.

Al igual que el Hospedaje de Santiago, esta estructura llenó su cometido, pues fue construida cuando la capital no alcanzaría los dos millones de habitantes. Pero las autoridades edilicias de la primada de América han buscado la vía más cómoda para resolver el problema de abastecimiento, repartiendo el desorden y la inmundicia hacia otros sectores, como para que todo el mundo, incluyendo visitantes, toquen su poquito.

Por eso, aceptaron de buena gana, la creación de improvisadas plazas que compiten entre sí, la que más desorden y hediondez genere, una de ella ocupada por ciudadanos haitianos, acostumbrados a convivir en semejante condición.

Hablo del Pequeño Haití, situado entre la Avenida Mella, y Benito Gonzales, en San Carlos. Pero no conforme con eso, una intercepción emblemática, no por la prostitución ambulante, la Duarte con París, fue convertida en otro antro de putrefacción.

Donde a cualquier hora del día, delincuentes le quitan los pantaloncillos sin quitarle los pantalones a cualquiera. Usted es un héroe si al pararse allí, no sale atracado, sin su cartera en los bolsillos, o aturdido del vaho.

Este desorden descomunal, empezó a establecerse a principio de los 80s, y alcaldes vienen y van, pero nadie ha tenido la hombría de enfrentar esto, que le roba el derecho a circular libremente a los ciudadanos.

Ese monstruo ha crecido, y al decir de Roberto Salcedo, (fuiquiti, fuiquiti), ahora el Estado debe desprenderse de 600 millones de pesos, para erradicar esta madriguera inmunda del centro de la capital dominicana.

Para solucionar el problema del Mercado Nuevo, construyeron el Merca Santo Domingo, pero lo cierto es, que su ubicación no fue la mejor, porque comerciantes se niegan a ir tan lejos a abastecerse.

Al Pequeño Haití, nadie se atreve a proponer se elimine, porque los defensores de los haitianos nos tildarán de racistas, y discriminadores, por lo que mejor pedimos sea el Mercado Modelo sacado del área, y dejarle el espacio a los vecinos.

Mientras Santiago, deberá esperar que la pudrición lo arrope, para que aparezca un alcalde que asuma su rol con responsabilidad, y desaloje este vertedero inmundo, generador de insalubridad, desorden e inmundicia.

 

                                                     alex15958@hotmail.com

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