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Un consejo de Dubert para estos tiempos

Publicado por Redacción  x  |  Opinión |  lunes 3 noviembre 2014

La siguiente historia de mi juventud me marcó. Yo tenía 16 años. Conseguí mi primer trabajo por un mes en Seguros San Rafael, abriendo y enviando cartas, colocando sellos, llevando café a todos lados…

Con lo que me pagaran, que era $RD125.00 (ciento veinticinco pesos) podría comprar varias camisas de cuadros, algunos libros, comer pizzas en El Edén en Santiago, ir al cine a ver a Bruce Lee, adquirir un guante de béisbol…

Mi labor siempre la hice con esmero, tratando de ser el mejor en mis sencillas pero imprescindibles funciones. Allí fui tratado con dignidad y hasta me consideraban como un hijo.

Entonces, cuando se acercaba la fecha del pago, algo me sucedió. Andaba inquieto, casi ofensivo, extasiado porque pronto sería rico, o al menos tendría una cantidad de dinero impensable para mi. ¿Qué haré con todos esos “cuartos”? ¿A cuál tienda iré? ¿Alcanzará para adquirir todo lo que sueño?

Lo triste era que no notaba mi conducta impropia, aunque mis compañeros de labor sí. Uno de ellos me lo hizo saber, aunque tampoco tenía idea de los motivos.

Mi consejero era el padre Dubert. Le expliqué la situación. Entendió de inmediato. “El dinero Pedro, el complicado dinero cambia a la gente, la vuelve loca, tenlo presente para que no te suceda de nuevo”. Y remató: “El que solo piensa en dinero es egoísta, es capaz de hacer daño para alcanzar lo material, y lo que logra de alguna manera se lo quita a los demás”. Nunca olvidé esas palabras.

Luego de ello, volví a mis orígenes y terminé mi trabajo con honor, más triste por los amigos que dejaba que contento por los miserables chelitos que recibiría, que ni recuerdo en qué los gasté.

El que obra inspirado por el dinero, no tiene amor por lo que hace, vende su alma, comete errores, no duerme en paz y su conciencia está marchita; en cambio, el que trabaja motivado por serias convicciones, sigue adelante, su ánimo está sosegado, se guía por los principios, su espíritu sano y libre es su motor y el cumplimiento del deber su razón de ser.

En estos días salen a relucir muchos que necesitan el consejo de Dubert, pero sobre todo su ejemplo de honestidad.