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“Cumplir”, un verbo que compromete

Publicado por Redacción  x  |  Opinión |  domingo 12 octubre 2014

Desde niño escuchaba a mi madre expresar: “voy a cumplir con fulano de tal”. Generalmente se trataba de un hecho triste. Se cumplía sobre todo con los enfermos o con los familiares de los difuntos, sea en el cementerio o en la iglesia. Y luego de su diligencia, cuando mi progenitora llegaba a la casa, nos decía con propiedad: “ya cumplí, me siento bien”. Todavía lo hace, como si hubiera nacido con ese comportamiento.

“Cumplir” es un verbo amplio, polifacético. Se puede referir a una obligación o promesa, a completar un tiempo determinado, entre otros significados. Cumplir casi siempre implica un compromiso de hacer, de actuar, de ser activo.  Por ello es más cómodo  exigir a alguien que cumpla algo que cumplirlo nosotros.

Cumplir es hacer lo correcto,  lo que nos impone el deber, lo que nos dictan la razón y el corazón. Cumplir no es compatible con la maldad, el odio, el desdén, la cobardía, la traición, el robo, el atropello a la dignidad del otro... Cumplir no es hacer daño, para eso están otros verbos, como engañar, traicionar, mentir... Cumplir sólo se enmarca en el bien, en las buenas obras.

No se cumple para complacer a terceros, para ser graciosos o para que no nos critiquen; se cumple  para estar en armonía con nuestras convicciones y propósitos en la vida, de tal manera que si no lo hacemos no dormimos en paz y nos invade un sentimiento de culpa que ni el arrepentimiento disipa con facilidad.

¿Cumplo con mi familia?  ¿Cumplo con mis deudas? ¿Cumplo con mi trabajo? ¿Cumplo mis promesas? ¿Acaso soy un cumplidor a medias, a retazos, dependiendo de mis antojos y no de mis responsabilidades frente a la sociedad y frente a mi entorno? 

¿Acaso me escondo o huyo cuando debo dar la cara para enfrentar un problema o para cumplir con el prójimo que me necesita? ¿Soy más tolerante para juzgar mis incumplimientos que los de los demás? ¿Soy, en esencia, un cumplidor o un incumplidor?

"¡Ánimo! Todo pasa. Ama tu trabajo y no dejes de cumplir tu deber cada día", nos decía Don Bosco. Cumplamos nuestro deber cada día, cada hora, cada segundo, sin posposiciones, sin excusas, sin lamentos, sin miedos, sin reparos. “Cumplir” es un verbo hermoso. Aprendamos a conjugarlo como Dios manda.