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Mi Ventana Óptica: cargar culpas ajenas

Publicado por Redacción  x  |  Opinión |  lunes 1 septiembre 2014

Margarita Canahuate dice, “los hijos se comen las uvas, y a los padres les da dentera”, en el entendido de que sus malas acciones son atribuidas a quienes los trajeron al mundo, y al entorno en que se desenvuelven.

En el caso que nos ocupa, ocurre a lo inverso, pues si es cierto, lo que todavía falta por comprobarse, que Ramiro Matos, fue el verdugo de  Manolo Tavarez Justo, su hijo debe cargar con igual culpa, según la hija del malogrado líder.

Aunque ni siquiera había nacido para entonces, Minú entiende que el “oscuro” pasado de Ramiro Matos, marca a su hijo. Pronto pedirá también al Congreso, quitarle el sitial de héroes a Caamaño y Fernández Domínguez, hijos de militares trujillistas.

Nuestros políticos, a veces se van a los extremos, para ocupar portadas en los medios, pues del mismo modo que esta ilustre dama no hereda la gloria de sus padres, tampoco este oficial hereda errores del suyo.

Nadie espera una posición tan arbitraria de la hija de dos figuras que enfrentaron con valentía la temeridad de una dictadura, y quienes jamás buscarían justicia en base a la injusticia contra alguien que nada tuvo que ver en su desgracia.

A Matos González, no le conozco, pero de él, escuché una anécdota, contada por un dirigente político, que sin proponerme ser su abogado, partiendo de que (todo acusado es inocente, hasta pruebas encontradas), me resisto a creer actuara con vileza.

Decía, que Ramiro perdió un ojo, en la Revuelta de Abril, combatiendo contra constitucionalistas encabezados por Caamaño, y que al producirse el apresamiento del guerrillero de Caracoles, en las montañas, un militar se acercó a él diciéndole: (El hombre tuyo está prisionero, es tu oportunidad para vengarte la pérdida de tu ojo, de ese traicionero)

Su respuesta fue, (este ojo, lo perdí peleando como los hombres, en una lucha armada, y sería cobarde vengarme de un indefenso, porque si ya está preso, no deben matarlo), siendo cierto esto, dudo, actuara cobardemente contra el líder de Las Manaclas.

Pero en el hipotético caso que haya cometido semejante ignominia, jamás, su hijo puede cargar con culpas suya. Minú tiene derecho a pedir se haga justicia contra los asesinos de su padre, y nos sumamos a esa petición, pero a lo que no tiene derecho es a incriminar a alguien ajeno a ese pasado lúgubre de la historia.

La misma Constitución, que Minú debe conocer bien, en calidad de legisladora, establece “nadie puede ser enjuiciado por actos de otros”. De este joven militar lo que importa es el buen servicio que le rinda a Duarte, como jefe del Ejército.

Las imputaciones a su padre, ciertas o falsas, en nada lo descalifican para ocupar la alta distinción, designado por el presidente, Medina. El odio es un veneno que corroe nuestra Alma, y en nombre de ninguna lucha debemos fomentarlo, ya mucho daño nos hizo en el pasado, y debemos curar esas heridas.