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Hasta siempre don Francisco

Publicado por Redacción  x  |  Opinión |  jueves 21 agosto 2014

Del  fallecimiento de don Francisco Sem (1914 – 2014),  el martes de la presente semana, me enteré muy tarde, y por esa razón, como bien lo  hubiera deseado, no pude estar  presente en su velatorio. Durante largos años fue nuestro vecino cuando yo residía en el municipio de Tamboril. Yo vivía en la calle Ponce, casi esquina 27 de febrero, y  él en la 27 de febrero esquina Ponce. A la hora de su muerte ya había cumplido los cien años de edad.

Mecánico de profesión, era un ser sumamente sano, bueno,  solidario, prudente y servicial. Y esto lo digo no porque haya muerto, sino porque la realidad así se encargó de demostrarlo.  Vale esta aclaración por cuanto no soy de los que creen que todo el que muere es bueno. El perverso sigue siendo perverso aunque haya emitido el último suspiro.

A don Francisco nunca lo escuché pronunciar una sola palabra para murmurar, dañar o manchar la reputación de alguien.  Visitar  con frecuencia a un vecino, no formaba parte de  su estilo de vida; pero cada vez que un vecino solicitaba sus servicios, ahí estaba presente. En el caso particular de mi familia, siempre constituyó, especialmente para mi madre, nuestro  “paño de lágrimas”  en los momentos que había que arreglar algo: un tubo PVC, una llave de agua, una conexión eléctrica, etc., y si intentábamos pagarle el servicio parece que lo insultábamos. Ese espíritu de colaboración supo transmitíselos a cada uno de sus hijos,  algunos de los cuales (Fausto, Franklin… )  también  supieron asistirnos. desinteresadamente  en momentos de emergencia.

Siempre lo recordaré desplazándose lentamente en su viejo jeep descapotado  por las  entonces calles  polvorientas de la Pajiza Aldea, o  frente a su casa  compartiendo  con sus amigos, ingiriendo sus eternos y muy apreciados traguitos de  Barceló Añejo, haciendo gala de su  humor característico  o  expulsando hacia el aire  el humo que se desprendía de su inseparable y largo cigarro.

Así era don Francisco Sem, un viejo “roble tamborileño”,  mi vecino de siempre, un munícipe y ciudadano ejemplar a quien ante su lamentable ida para siempre de este mundo, solo me resta desearle  paz a sus restos y externarle mi más sentido pésame a cada uno de  sus hijos, nietos y demás parientes.