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Como mal necesario

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 18 mayo 2020

Como cualquier parto doloroso, sufre la humanidad con una enfermedad, que se expandió por casi todo el mundo, sembrando contagios, muertes y confinamiento, como ciclón de tierra arrasada, que se lleva cuanto halla a su paso.

La humanidad fue sorprendida finalizando el 2019, cuando sólo en el Asia, se contaban muertos, enfermos, y lo que parecía exclusivo de China, se propagó con la categoría de “Pandemia”, aunque algunos dudan si merece tal tipificación.

Pero lo cierto es, que casi tiene presencia universal, y lo que se duda son cifras de fallecidos y contagiados que ofrecen autoridades, porque se cree, el número es mayor, y quizás lo hacen para no alarmar, u ocultar debilidades del Sistema.

Desde el principio, prefiero buscar lo positivo, consciente de que “nada es tan bueno, que algo de mal no contenga y viceversa, su aparición fue el único medio para la Naturaleza expresarse, ante tantos agravios por parte del hombre.

Al detenerme en la rutina, ahora empleo tiempo para Redes Sociales, en lo que me divierto un mundo, con ocurrencias de colegas, y su arte de invitar a las personas mayores a quedarnos en casa, como el caso del Chino Bujosa.

No sé, cómo encuentra reliquias de los 40s, 50s y 60s, para exhortar a los de esa época a quedarse en casa, y evitar contagiarse con la Covid 19. Otros, muestran el regocijo de especies que parecen estar encontrando su mundo perdido.

O, arrebatado por la indolencia, a inicio de la cuarentena, vi a través de esas mismas redes, a un joven, sosteniendo una gigante serpiente, en Cristo Rey, un sector de la Capital dominicana, evidenciando que hemos cambiado la mentalidad.

Cuidó de ella, hasta llegar la autoridad para llevarla a un destino seguro, en esos tiempos que el Chino rememora, la hubiesen matado, algunos para comérsela, o por la simple diversión, de matar a un animal que le hace más bien que mal al hombre, limpiándole su entorno de alimañas.

El Coronavirus, quiere advertirle a este depredador por excelencia, que todas las especies tenemos el mismo derecho. Que dentro de esas que hemos matado olímpicamente, hay un Alma, que como yo ayer, busca evolucionar hoy.

Que no tenemos derecho a quitarle su habitad y condenarle a muerte. Hoy, las aguas han cambiado de color, y su turbiedad pasó a ser un azul cristalino, hasta los arboles lucen radiantes de felicidad, ante el repliego de la temeridad humana.

Mientras los capitalistas se quejan por haber dejado de producir, porque ante su propósito de destruirlo todo buscando riquezas, cree que puede colocarse por encima de la vida misma, y que sus actos crueles no tendrán consecuencias.

Debe ser el único animal del planeta que está molesto con esta parálisis, y sólo quienes han tenido pendiente que en su entorno viven vecinos con los mismos derechos a existir, y miran hacia los culpables de este (ecologicidio).

Es la oportunidad de reencausar ese proceder como entes “civilizados”, desarrollar el amor, el respeto y la prudencia frente a lo que existe físicamente, y de aquello que no podemos ver, ni tocar, pero que su existencia nadie ignora.

Llámele Dios, Madre Natura, Universo, deles el nombre que mejor le acomode, pero Dios, no puede seguir siendo juguete del destino de quienes lo usan de instrumento para que el hombre sea esclavo de la ignorancia.

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