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Notas acerca de un clásico aguinaldo (2-2)

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 20 diciembre 2019

2 DE 2

La pieza poética que nos ocupa, “Cánticos”, está compuesta por ochenta versos cortos, octosílabos en su totalidad, (sólo en el verso final aparece la palabra arandela) distribuidos en veinte estrofas, en las cinco primeras de las cuales los protagonistas del aguinaldo se limitan a emitir un canto de alabanza al Niño Jesús, así como un mensaje de felicitación y buenos deseos a los dueños de la casa “multados” con el regalo de nochebuena: 

“Alabemos todos / al Niño Jesús,

que nació en Belén / y murió en la cruz.

También alabemos / con suma alegría,

a sus santos padres / San José y María.

Después de alabar / al Rey de los cielos,

con los de esta casa / nos entenderemos.

Y les cantaremos / de Dios con la gracia,

deseando a todos / muy felices pascuas.

Y un año feliz / con prosperidad,

salud y dinero / y felicidad” 

En las estrofas que siguen, el autor pasa a describir el momento festivo o asunto central de la composición, merced al cual inserta esa aguda crítica social de inconfundible tono epigramático que tanto caracterizó a la mayor parte de las creaciones del entonces llamado “Cantor del Yaque” En las estrofas sexta, séptima y octava, el poeta crítica :

a) A los chismosos , prestos siempre a generar nocivos efectos con sus lenguas lacerantes: 

“Que el Niño Jesús / muy a bien lo tenga,

librarnos a todos / de las malas lenguas”

b) A los envidiosos , siempre mortificados por el éxito ajeno: 

“Que los libre el Niño / de los envidiosos,

que hacen mala sangre / y viven rabiosos”

c) A los malos vecinos , eternos perturbadores de la paz familiar: 

“Y los libre el cielo / de un vecino malo,

que es mucho peor / que un incendio al lado”

En las cuatro estrofas siguientes se nos anuncia mediante el empleo de términos o expresiones de gran valor sensorial que la cena o aguinaldo está casi a punto de comenzar: 

¡Señores, silencio! / que el sonido empieza,

de platos, cubiertos / y arreglos de mesa.

Por el agujero / de la cerradura,

ya se siente el bajo / a fritanga pura.

Y allá en la cocina / ruidos de sartenes,

que sacan del horno / pavos y pasteles”

Pues según señales / esta gente buena,

trata de obsequiar / con tamaña cena.

Los visitantes, excitados por la inminente presencia del manjar o plato deseado, muestran su desesperación y emiten un grito de indiscutible acento imperativo: 

“Así, pues, señores,

los dueños de casa,

abran ya sus puertas,

que el tiempo se pasa.”

A partir de este momento, el poeta retoma el tono crítico de sus versos, dirigiendo sus incisivos cuestionamientos a quienes asisten a las celebraciones y actividades festivas sin que hayan sido previamente invitados a las mismas: 

“Y al entrar señores / mucha precaución,

con los que se meten/ sin invitación.

Y en los aguinaldos / los pulpos nombrados,

se sientan primeros / que los invitados”

Y al ir a la mesa / los primeros son,

en comer de todo / con mucha ambición.

Y son los primeros / en damas sacar,

y hasta los registros / los suelen bailar” 

La advertencia está hecha, el deseo por disfrutar la cena se incrementa y es, por tanto, hora de entrar a la casa:

Entremos señores / a esta honrada casa,

saludando a todos / y dando las gracias.

Y después de entrar / esa gente buena,

que no tarde mucho / en poner la cena. 

El autor abandona el tono épico del relato para concluir sus famosos “Cánticos” con esta lírica exhortación: 

Así, pues señores,

sin más dilación,

entremos cantando,

arandelas son”

Con el paso de los años, algunos de los versos que conforman estos “Cánticos” de Juan Antonio Alix, específicamente los que integran las cuatro primeras estrofas, fueron musicalizados y se les anexaron otros que nada tienen que ver con la versión original de los versos que en los párrafos precedentes aparecen transcritos. 

Entre esas estrofas agregadas o que no forman parte de las veinte más arriba comentadas, merecen citarse las siguientes: 

“Ábreme la puerta / que estoy en la calle

y dirá la gente / que esto es un desaire…

A las arandelas / a las arandelas,

a las arandelas / de mi corazón.

Allá dentro veo / un bulto tapao,

no sé si será / un lechón asao”

Se tratan, estas últimas, de estrofas cuyo autor, por el momento se desconoce, razón por la cual habría que situarlas en el plano de lo folklórico.