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Ante falta de sanciones

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 5 noviembre 2019

Lo ocurrido el domingo 27 de octubre en el Estadio Quisqueya, en el juego que más enciende a los dominamos, el béisbol, y ante el calor y pasión de los rivales capitalinos, un ciudadano cualquiera de a pies, sintió indignación e impotencia, no solo la individual, sino también la colectiva, de años y años de impunidad y falta de sanción judicial en contra de los políticos que han cometido irregularidades y actos de prevaricación en el ejercicio de sus funciones cuando les ha tocado asumirlas. 

Era la primera vez que los ojos del país veían que alguien pudiese llevar a cabo una especie de sanción al llamar corrupto a un legislador en pleno ámbito público y mientras se escuchaban bolas y strikes, cantados por un árbitro que no impone reglas más allá que de la línea de tierra y cal.  Ante lo dicho por el joven, Máximo Eladio Romero Marcial, que al ver al Presidente de la Cámara de Diptados, el otrora profesor, Radhames Camacho, y antiguo dirigente de la ADP, tomarse una bebida alcoholica de 8 mil pesos, en le produjo la rabia normal de quien se ha sentido estafado, exigirle brindarle con los mismos recursos que declaró hace un año atrás y que pudo incrementar en 150 por ciento hasta los 72 millones de pesos en su patrocinio, algo inverosímil tomando en cuenta la profesión que tuvo por toda su vida, sin tener herencia y completado su carrera expedita con la política.

Como un cuadrangular soñaba esa declaración del indignado dominicano que en ese momento hablaba por todo un pueblo que tiene más de cinco décadas gritando, exigiendo y esperando porque aquí los politiqueros que han hecho de la política un juego y una forma de ganancia y riqueza, no sigan quedándose sanos y salvo, una vez hacen sus fechorías tienen de su lado la impunidad e impunidad de un Estado que cada día se hace más delincuente y cómplice de sus malas ejecutorias.

No se le puede criticar en nada al indicado joven, que a falta de poder o representación de altura, pudiese evitar ser apresado por tal comentario de justicia, y tuviese que pasar un día detenido de forma ilegal y abusiva. Ya que como siempre, quien si tuvo esa oportunidad, fue el legislador,de quien se asume que al presidir uno de los poderes del Estado, sea un gran ejemplo, si pudo ordenar el arresto y pensar que estaba con ello protegiendo su nombre.

En este país se requieren de emular actos de  esa naturaleza, que de forma  pacífica, sin llegar a violentas derechos, ni tomar justicia en sus manos.

Que el corrupto, público o privado, comiencen a sentir el peso de la sanción social; del rechazo por sus faltas graves en contra de una mayoría de dominicanos que han vivido bajo la égida de poderes corruptos. De alguna manera debe manifestarse el poder popular que está hastiado de tanta ingnominia.  Existen formas peculiares, enalgún lugar le suenan los cubiertos cuando un corrupto llega a un un lugar de comida. Es no celebrarle sus bellaqueéis.

Lo visto ese domingo de final de octubre, es la muestra de la indignación acumulada y la burla que se siente cuando por todo ese lapso ya mencionado, lo mejor de este pueblo ha tenido que ser testigo de como los elegidos por el voto en su mayoría se terminan riendo en la cara de todos y quedan sin castigo. Una forma peculiar, particular y que ha resultado sumamente efectiva para recordarnos que ante las nuevas generaciones hay esperanzas de que se despierte el llamado de gritar: INDIGNACIÓN.