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Del tigueraje de la cancha al tigueraje del Congreso Nacional

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 21 junio 2019

“Señora: El legislador dominicano es un tipo curioso, alto o bajo de estatura; blanco, indio o moreno de color; delgado o grueso; feo o buen mozo; que estos son los caracteres variables o comunes; su aspecto no es del todo desagradable y hasta parece un hombre civilizado…”

- Francisco Moscoso Puello – “Cartas a Evelina” (1913)

En los estadios y canchas, lugares donde se realizan actividades deportivas y espectáculos dirigidos a personas de todos los niveles o calaña, solo se sirven bebidas alcohólicas en botellas plásticas y no de cristal, previendo así, que estas últimas puedan convertirse en armas peligrosas en caso de cualquier riña que se produzca. Lo mismo sucedió en la Cámara de Diputados, el miércoles de la presente semana, día en que los ánimos estaban bastante caldeados en la sesión, a partir de los insistentes rumores sobre una posible reforma constitucional que habilitaría al presidente Danilo Medina a optar por un nuevo periodo.

Eso sucede, a pesar de que el Art. 26 del Reglamento de la Cámara de Diputados, en sus literales h, i, j, establece que son debes de los diputados, entre otros:

«h) Respetar los juicios emitidos por los demás diputados en los debates en el Hemiciclo»

«i) Evitar en sus intervenciones toda alusión personal mortificante, debiendo conservar en todo momento la moderación y decoro propios de la alta dignidad de que está investido»

«j) Mantener la solemnidad en el hemiciclo, el salón de la Asamblea Nacional y en todas las áreas del Congreso Nacional»

El té que habitualmente se sirve en taza de porcelana, esta vez se sirvió en vasos higiénicos, para evitar que uno de nuestros “honorables” diputados desbaratara una o más de esas tazas en la cabeza de uno o más de sus “honorables” compañeros. Esto quiere decir que el comportamiento de los legisladores dominicanos parece ser el mismo del populacho o de la “chusma”.

Por esa razón, las mismas medidas de seguridad que se deben tomar en lugares frecuentados por esa “chusma” y por ese populacho, también es necesario tomarlas en la “majestuosa” y aparentemente “solemne” sala del Congreso Nacional. 

O, lo que es lo mismo, todo parece indicar que el posible tigueraje que asiste a nuestros estadios y canchas, nada tiene que envidiarle al tigueraje con sacos y corbatas que semanalmente (tres días) va y se sienta en una silla (curul) del Congreso Nacional dizque a legislar en favor del pueblo dominicano.

Por eso, acerca del legislador de hoy, yo me atrevo a decir, con las palabras que a principios del silgo XX escribiera nuestro novelista, médico y científico naturalista, Francisco Moscoso Puello (1885/1959), que el legislador dominicano, además de “un tipo curioso, alto o bajo de estatura; blanco, indio o moreno de color; delgado o grueso; feo o buen mozo… Y HASTA  PARECE UN HOMBRE CIVILIZADO