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Chejov, cual relojero

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 30 mayo 2019

El relojero fue la metáfora utilizada por José A. Rojo,  crítico literario  y sociólogo boliviano cuando  se refirió al trabajo constante, disciplinado y creativo de uno de los escritores más importantes del siglo XX: Antón Chejov. Porque  “es alguien que conoce perfectamente sus entrañas y que sabe cómo es cada una de sus piezas y cómo funcionan sus engranajes”… 
     
Todo un pequeño mundo lleno de decenas de piezas  ajustadas finamente  complementándose unas a  otras  para que funcione y cumpla su trabajo día a día que es el de proveer las horas y minutos. El símil del relojero utilizado por el ensayista tuvo otra connotación: por la  extraordinaria producción intelectual.
              
Antón Pávlovich Chejov  (1860-1904), médico, narrador y dramaturgo,  considerado el representante más destacado  de la escuela realista en Rusia, y su obra es una de las más importantes de la dramaturgia y la narrativa de la literatura universal. Catalogado como un  maestro del relato corto. Cuando aún no había terminado sus estudios ya comenzaba a publicar relatos y descripciones humorísticas en revistas que le hicieron famoso. Su primera publicación: Relatos de Motley, publicada en 1886.
    
La característica de su obra es que procura una reproducción exacta de la realidad, destacando lo cotidiano y no lo exótico, exponiendo problemas humanos, políticos y sociales. “Rechaza el sentimentalismo”. “El lenguaje utilizado en las obras es coloquial y crítico, ya que expresa el habla común y corriente”. Su estilo “carece de énfasis y el humor está casi siempre presente”.
    
Dentro del teatro ruso, a Chejov se le considera como un representante del Naturalismo Moderno. Sus obras dramáticas son estudios del fracaso espiritual de unos personajes en una sociedad feudal que se desintegra. Por ejemplo, “El jardín de los cerezos” trata de una comedia escrita en cuatro actos, ambientada en el declive económico de la aristocracia rusa a finales del siglo XIX. Concretamente, cuenta la historia de una familia de clase social alta que a raíz de una mala administración de sus riquezas, enfrenta importantes problemas financieros y económicos.  
    
Pero si importante es el teatro de Chejov, aún lo es más sus relatos largos o “novelas cortas” que llegan 650 y más de 3500 cartas publicadas hasta el momento por las autoridades rusas, a esto hay que sumarle otros escritos periodísticos, trabajos titulados “Consejos a un escritor” y “El oficio de escritor”, en los cuales conceptualizó temas que fueran útiles a la juventud; que “vea” más allá del talento, la ética y la perseverancia. Es importante  “el conocer las entrañas y el funcionamiento de sus engranajes”, es decir, conocer profundamente las esencias de la profesión.  En el caso de Chejov hay que contrastar su edad con de su abundante producción literaria, puesto  que solamente vivió 44 años, debido a la enfermedad de tuberculosis que padecía, incurable en ese tiempo. 
    
En su obra Consejos a un escritor dice: Escribo cada día, aunque poco a poco. También afirma que “Sólo se aprende a escribir de dos maneras: escribiendo y leyendo. Citando a Aristóteles expresa: “lo que debemos aprender antes de poder actuar, lo aprendemos actuando”. 
           
Es decir, escribir siempre aunque sea poco, con disciplina y en actitud permanente de aprendizaje, para alcanzar sus objetivos. Como un relojero. 
    
Finalmente,  pienso que estas recomendaciones son válidas para artistas y  profesionales, en general…en fin,  para todo aquel que quiera superarse.