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Depredadores de inocencia

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 15 abril 2019

Cuantas más tendrán que ser las víctimas de abusadores sexuales, para que la sociedad despierte, y proteja mejor a sus niños. Hasta dónde llegaremos, dejándolos a merced de la perversidad, de estos depredadores de inocencia.

No hay que ser tratadista de la conducta humana, para saber, cuándo su hijo o hija está siendo abusado o abusada. Tampoco, para entender, que matrimonios a temprana edad, terminan en una rápida separación, y en nuevas aventuras amorosas.

Producto de la indiferencia familiar, para dedicarse a hacer fortunas, nuestros niños conviven con traumas, de lo que muchas veces sólo la muerte los libera, porque sus progenitores y familiares cercanos están muy “ocupados”.

De estos hechos, muy pocos salen a luz, prefiriendo los afectados vivir con ese amargo pasado, por vergüenza, por intimidación y hasta para evitar desgracias, sin que los violados puedan librarse del martirio padecido.

Lo insólito es, que los padres conociendo a diario del peligro que asecha a los menores, sigan exponiendo a los suyos a la perversidad de abusadores, que valiéndose de posiciones y condiciones sociales les arruinan sus vidas.

En esto, la complicidad es el primer elemento para que casos reiterativos, protagonizados por figuras de la Iglesia, la política y medios de comunicación ocurran con tanta frecuencia, dejando una estela de dolor en esos hogares.

Los progenitores, ya no tienen tiempo, ni para reunirse con sus hijos, antes de irse a la cama, para saber, cómo fue su día, y advertirles, no callar ninguna eventualidad vivida tanto dentro como fuera del hogar, para evitarles traumas futuros.

Por eso, Pablo Ross, y Kelvin Núñez, (payaso Kanqui) encontraron terreno fértil para degradar la inocencia de sus víctimas, que atraídos por ofrecimientos, se dejan abusar, sin saber que esto desgraciará sus vidas por siempre.

Este último personaje, por casi tres décadas haciendo reír y saltar de alegría a niños de Santiago y el país, tal vez sea la mayor muestra de la depravación moral en que hemos caído, aunque no pretendo juzgarlo, pues es labor de jueces, y fiscales hacer eso.

Pero ojalá, algún día, nuestras leyes tengan suficiente fuerza, para sacar de las calles para siempre a estos degenerados de la sexualidad, y aplique castigos drásticos a los padres permisivos, que descuidan su responsabilidad para con sus menores.

Por qué dejarlos al lado de los que tienen fama, cuando saben, que regularmente, detrás de toda fama, hay mucha inmundicia envuelta, con individuos, que valiéndose de esto, dañan su inocencia y sólo les queda el sufrimiento eterno.

Recuerden, desalmados como Josef Wesolowski, de quien nadie sospecharía, fuera capaz, de ir al Malecón de Santo Domingo, a prostituir niños, que como hogar y fortuna, sólo tenían las calles. Al cura polaco, Wojciech Gil, en Juncalito, otro delincuente con sotana, que se aprovechó de la confianza de esta comunidad, para violarles sus hijos.

Hace mucho, vengo advirtiendo a la población, no dejar a sus hijos con desconocidos, sin importar credencial de sacerdote, pastor, figura diplomática o personajes de esos medios, pues sabemos el lodo que se esconde detrás de ellos.

Para eso sí, debe reformarse la Constitución, y leyes, para que depredadores de inocencia, jamás salgan de una cárcel, y sean etiquetados, como en Los Estados Unidos, que a donde se mudan, tienen que identificarse como delincuentes sexuales.

alex15958@hotmail.com

Twitter, @alexalma09