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Juventud y política.

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 5 febrero 2019

Muchos nos quejamos permanentemente  de  la escasa vocación de la juventud de hoy para acometer empresas, pero nos quejamos aún más de la indiferencia que observan respecto del papel social y político que les demanda su medio, renglones de la vida desde los que pudieran contribuir a hacer un mundo mejor, pero sobre todo un mundo que se corresponda con sus expectativas de cambio o de progreso.

Y llegamos, a veces, a comparar  nuestros tiempos con los suyos, solemos decir que fuimos jóvenes comprometidos, con preocupaciones intelectuales diferentes a las que tienen hoy nuestro jóvenes, sin darnos cuenta que, de cuando fuimos jóvenes a la fecha, las cosas han cambiado demasiado y esa realidad reclama hacer juicios sobre nuestra juventud ajustados a las particularidades de la época.

Los valores con los que fuimos formados no han cambiado, claro, lo que cambian son los caminos para cultivarlos, los medios para alcanzarlos, pero sobre todo, la concentración de esfuerzos y la entereza necesarias para retenerlos y hacerlos parte de la vida. Nuestros jóvenes viven "La sociedad del cansancio" a la que alude el célebre autor Byung-Chul Han, en la que plantea que: "...el comienzo del siglo XXI, desde el punto de vista patológico, no sería ni bacterial ni viral, sino neuronal. La depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama de comienzos de este siglo".

La cuestión etiológicamente está vinculada con un concepto, también de Byung-chul han, que se llama "el enjambre digital" -título de uno de sus libros- que define la existencia de una sociedad individualizada, propiciadora de aislamiento personal con proyección virtual común, Esa sociedad reniega del "nosotros", de modo que hace más difícil su orientación hacia fines específicos y los paradigmas, no solo cambian rápidamente, con una "liquidez" única -permítanme tomar prestado el término a Bauman- , sino que se multiplican exponencialmente.

Pero, ¿significa esto que todo está perdido? En modo alguno. Creo firmemente que todas las sociedades (la de Sócrates, la de Julio César, la de Alejandro y la de hoy) presentan dos clase de jóvenes, una con sensibilidad social y otra un poco indiferente. Siempre fue así, desde que el mundo es mundo y vive gente. Y nuestra sociedad de hoy también cuenta con esos jóvenes que, quizá son percibidos pocos, pero que avanzan hacia la construcción de ese "nosotros" necesario para que el mundo sea un espacio digno. 

Claro está, los viejos no podemos ser indiferentes en lo que nos toca, pues ya lo decía Saramago  "...la juventud no sabe todo lo que puede y la vejez no puede todo lo que sabe"; y pienso que es verdad, por lo que se hace necesario la sinergia de jóvenes y viejos que defina los rumbos hacia donde caminar.

El autor es abogado y politólogo.