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“Las mañas en el arte de escuchar”

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 30 noviembre 2018

“Dios nos dio dos oídos y una boca por una buena  razón: debemos escuchar el doble de lo que hablamos” (Autor desconocido)

Escuchar de manera activa o con eficacia es un arte. Un arte que, desafortunadamente, no todos los hablantes poseen, y de ahí las fallas que se producen en el acto comunicativo, o  las que Azorín llama “mañas en escuchar” 

¿Por qué se originan esos problemas?

Sencillamente, porque no prestamos atención a quien nos habla,  dedicamos poco tiempo a escuchar con empatía y profundidad, en la conversación  no esperamos que el otro termine de hablar, vale decir,  lo interrumpimos constantemente para terminar lo que nuestro interlocutor está diciendo o para expresar una idea brillante que se  nos ha ocurrido acerca del tema tratado.

En otras palabras, porque muchas personas solo transmiten o hablan  más que lo que oyen, centran su atención más en  lo que  dicen que en lo que escuchan. Bien podríamos afirmar que la escucha activa se encuentra en crisis.

José  Martínez Ruiz, Azorín, (1873 – 1967), el célebre escritor español, miembro prominente de la Generación del 98 y uno de los más finos prosistas de la lengua española, en su muy citado libro “El político” (1946), sostiene al respecto lo siguiente:

“Una de las artes más difíciles es saber escuchar. Cuesta mucho hablar bien; pero cuesta tanto el escuchar con discreción. Entre todos los que conversan, unos no conversan, es decir, se lo hablan ellos todo; toman la palabra desde que os saludan y no la dejan; otros, si la dejan, os acometen con sus frases apenas habéis articulado una sílaba, os atropellan, no os dejan acabar el concepto; finalmente, unos terceros, si callan, están inquietos, nerviosos, sin escuchar lo que decís y atentos sólo a lo que van ellos a replicar cuando calléis" (Edición Especial, pág. 43, 1997)

  
Para superar tales “mañas”, Azorín recomienda  que: 
    
"Cuando se hable en corro o frente a frente, a solas con un amigo, dejemos que nuestro interlocutor exponga su pensamiento; estemos atento a todas las particularidades; no hagamos con nuestros gestos que apresure o compendie la narración.         Luego, cuando calle, contestemos acorde a lo manifestado, sin los saltos e incongruencia de los que no han escuchado bien. Si es persona de calidad a quien nosotros queremos agradar aquella con quien hablamos, demostrémosle que tomamos grande gusto en lo que ella nos va diciendo"(Ob. Cit., págs.43/44)

En el proceso de la comunicación oral, si pretendemos que esta resulte efectiva, hablar lo necesario y escuchar con atención constituyen la clave del éxito. Merced a este planteo, conviene entonces tener siempre  presente lo que a alguien se le ocurrió decir alguna vez:
 

““Dios nos dio dos oídos y una boca por una buena  razón: debemos escuchar el doble de lo que hablamos””