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La procacidad daña la política

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 8 octubre 2018
I.- Diferencia de clase y de ideología 
 
1.- La especie humana no llega al mundo de los vivos con un ideario, sino que lo va formando en el medio social donde le corresponde vivir. Su pensamiento va a estar condicionado por factores que van desde la posición que socialmente llegue a ocupar hasta los ideales que asimile. 
 
2.- No es posible la unidad ideológica en los integrantes de una sociedad regida por un sistema social que motiva la existencia de diferentes clases sociales, porque de la misma forma que se da la escisión clasista, está presente la separación de pensamiento entre los diversos grupos de la comunidad. La concordia de criterios y la armonía de ideales, entraña la cohesión doctrinal, unidad de convicciones y afinidad de credo. 
 
3.- En un ambiente económico y social heterogéneo, las clases sociales manifiestan sus aspiraciones partiendo de los intereses que les sirven de guía en sus actuaciones. La diversidad clasista hace posible la pluralidad de ideologías, la vigencia de partidos políticos con posiciones opuestas y la desemejanza en la conducta ética y moral de los actores que inciden en el quehacer político nacional. 
 
4.- La discrepancia en las creencias no es más que la señal de que en el seno de la sociedad se mueven intereses entre los cuales hay contrastes y, por tanto, necesariamente ocurren pugnas que llegan a ser irreconciliables. La compatibilidad no es posible entre quienes se adversan porque para que se dé la afinidad debe haber correspondencia. El encaramiento se lleva a cabo dependiendo del nivel ideológico de los contendientes y de lo áspera o blanda de la hostilidad.
 
II.- El insulto a los adversarios políticos 
 
5.- En nuestro país, por el atraso ideológico que exhiben los distintos sectores que participan en el debate político, la disputa se lleva a cabo a nivel de dimes y diretes, en ataques personales y no en la confrontación de ideas. El tiempo se está utilizando más hablando de cuestiones sin trascendencia, que de problemas de importancia. Las vacuidades, ligerezas y cosas huecas se destacan más que los temas sustanciosos y de interés para la comunidad. No se observa profundidad en la polémica, razonamientos de altura ni reflexiones que motiven análisis escrupulosos. El político concienzudo ya no está en la palestra porque fue desplazado por el zafio, ese grosero de lenguaje limitado y soez.
 
6.- La contienda de ideas aquí ha desaparecido porque no hay mucho material humano para sostener un juicio ideológico en el cual esté de por medio el cuestionamiento del orden establecido. Porfiar con respecto a los fenómenos propios del sistema que mantiene oprimidas a las grandes mayorías nacionales y encalabrinarse con sólidos argumentos para demostrar las causas de los males que nos dañan, no está a la orden del día en la agenda de los politiqueros vacíos de ideales. Ha sido más fácil acomodarse al discurso sin sentido ni contenido, que controvertir para poner al desnudo el origen de lo que hace posible la degradación en que nos encontramos.
 
7.- Se ha hecho cada vez más notorio el hecho de que a la mayoría de los que hacen política pública en forma habitual, les resulta más cómodo insultar a los adversarios descalificándoles con términos urticantes, que contender recurriendo a la palabra para convencer y así demostrar la verdad de la materia sometida a discusión. El que está huérfano de ideas bien organizadas se encuentra en la imposibilidad de altercar con posibilidades de éxitos sin difamar. El pobre de mente no puede dialogar decentemente porque cae en estupideces y entonces enseña su tosquedad y pobreza de pensamiento.
 
8.- Porque incursionar en la actividad política se ha convertido en un negocio lucrativo, los mentecatos han dañado una labor que, como la política, es para personas juiciosas, talentosas y reflexivas. Un nulo de talento es incapaz de reñir con altura, y cuando enfrenta a un versado de la política fina se ve en la necesidad de transigir en sus posiciones o limitarse a escuchar a su contrincante. Una cosa es injuriar a quien combate, y otra es vencerlo con nobleza. La escasez de ideas y lo reducido del discurso retrata de cuerpo entero a quienes se han creído que tener conciencia política es cochambrería o marranada.
 
9.- La gracia de la política está en ejecutarla con brillantez frente al que hace de oponente. Sin importar que se exponga desde el oficialismo o en el campo opositor, el debate hay que llevarlo con altura, porque de lo contrario la polémica cae en la diatriba y la obra política pierde belleza, se ve como entre vulgares que más que activistas políticos son practicantes de la chabacanería. La bajeza ha logrado tomar imperio en la brega política porque al degradado, indigno, calumniador y sinvergüenza le han dado espacio para hacer lo que es su arte: herir a quien no puede vencer en el terreno de las ideas limpias y cargadas de razones.
 
10.- La indigencia ideológica que padecen los murmuradores de la política, nos enseña que ellos solamente están preparados para comportarse disonantes, exagerados y bellacos,  con lo que han logrado arruinar la parte bonita del accionar político. El político de ayer, que demostró tener disposición, inspiración y desprendimiento, hoy se ha encontrado con vividores que solo saben ser artificiosos, marrulleros y arteros. Con adversarios semejantes es muy difícil lidiar. Pugnar ante quienes no tienen la menor idea de lo que es actuar con lealtad en la riña política, es estar condenado al fastidio, al asco y permanente enojo.
 
III.- El dominio ideológico en el accionar político y social 
 
11.- Lo único que permite el avance de los pueblos para alcanzar más y mejores objetivos es la lucha social, la cual debe estar impulsada por las fuerzas motrices interesadas en la transformación del statu quo, pero ellas deben tener el suficiente dominio ideológico para la aplicación de los métodos adecuados en cada coyuntura que se presente. Aquí, hasta ahora, la brega política se ha llevado en los marcos de la politiquería que conduce al rezago; al retraso que guía a la dilatoria para lograr el triunfo y prolonga la presente situación.  Lo que conviene a los sectores democráticos más lúcidos es romper el cerco politiquero que les han tendido aquellos que bien se mueven en el ambiente actual y son opuestos al adelanto, a la rapidez que debe acompañar el trabajo político serio. 
 
12.- Los términos hirientes y fastidiosos pueden mortificar o no a los sectores económicos y políticos que se aprovechan del sistema, pero en nada contribuyen a socavar la base que le sirve de sostén la cual solo cambia por el empuje de la lucha social consciente y organizada desplegada por luchadores sociales. Aplicar chácharas, habladurías y verbosidad, es muy propio de quienes desconfían de la potencialidad, la energía y determinación que acompañan a los que por su dominio de la política y conocimiento del desarrollo de las contiendas sociales fundamentan su accionar en la aplicación certera de los medios adecuados para salir adelante. 
 
13.- Aquel que busca ganar simpatía personal a costa de hacer bromas contra los que controlan el poder y las instituciones del Estado, no pasa de ser gracioso, comediante y apreciado bromista. No es lo mismo un chistoso, enredador, comadrero y jocoso, que un verdadero transformador de la realidad injusta que padecen las grandes mayorías víctimas de la opresión social. Se aporta a los cambios sociales denunciando las causas que generan las lacras, no haciendo payasadas, bromas y chanzas que caen muy bien como chistes, pero no motivan indignación en las masas desposeídas. Las querellas que llevan y motivan acciones son las que envuelven problemas sociales, no las injurias. El changüi no lesiona los intereses del opresor, aunque haga reír a quien es víctima de la opresión.
 
14.- Por muy injusto, odioso, despótico y corrompido que se convierte un gobierno, nada se logrará lanzándole maldiciones, despotricándolo y anatematizándolo. Lo pervertido y execrable de un orden social llega a ser comprendido por el pueblo al tomar conciencia y tener el convencimiento de que el statu quo es insostenible y necesariamente debe ser sustituido. Los oprimidos no se liberan de la opresión haciéndole caso a los desesperados que solo saben desbocarse con disparates que no afectan en lo más mínimo el dominio de la minoría sobre la mayoría de la población. El mal humor, el enfado y lo avinagrado que resultan los conflictos fruto de la desigualdad de oportunidades solamente se superan mediante las acciones conscientes de las masas,  no con poses de comediantes, histriones y fantoches.
 
15.- El picotero y verboso ha logrado ganar espacio en la política porque el desarrollo ideológico ha descendido. Allí donde la politiquería hace acto de presencia, sobresale aquel que, al desconocer las ciencias políticas, se apoya en cotorrear, cuchichear y difamar para llegar a las masas y así hacerse político a la carrera, teniendo como medio de penetración la fanfarronería, el insulto, la cuerda y el chicoleo. El inoportuno y corto de ideas se destaca ante quienes disfrutan con la invectiva y la sátira del burlesco.
 
16.-  En un medio como el nuestro, degradado hasta el tuétano, penetra más fácil en la conciencia popular el que insulta por órgano de un canal de televisión, que quien se dispone a llevar sana orientación cívica y ciudadana. Los disparates, las ignominias y barrabasadas se fijan con más facilidad que la sensatez y la mesura en la mente de los grupos más atrasados. Lamentablemente nos estamos moviendo en el terreno ideal para el individuo extravagante, pervertido y desmesurado. El péndulo nos está diciendo que el disparatado cree que ha llegado a la política para hacer el trabajo que la historia ha reservado para aquellos que abrazan la lucha social con el objetivo de ejecutar las transformaciones que requiere cada sociedad para hacer la vida acogedora al ser humano.
 
17.- Todo aquel que va a la actividad política con la finalidad de hacer realidad ideales de felicidad para el pueblo trabajador, está en el deber de comportarse con coherencia, firmeza y seriedad, demostrando así fidelidad a sus convicciones. El obrar político y social requiere en el militante un sano juicio no contaminado con ideas nocivas que, aunque cubiertas con un manto de nobleza, encierran ruindad, maldad, vileza y deslealtad. La persona hecha para actuar en provecho de la sociedad no debe utilizar nunca contra sus adversarios métodos de lucha deleznables. 
 
18.- Los términos ofensivos dirigidos al antagonista político no hacen otra cosa que reducir a los que los emplean, a la vez que revelan que no hay cacumen en su cerebro. La poca lucidez pone en evidencia al necio que está en política para fastidiar, enriquecerse e impedir el desarrollo de la conciencia social del pueblo.