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Lengua y relaciones humanas

Publicado por Redacción  x  |  Opinión |  jueves 3 julio 2014

El humano es un ser social por naturaleza, esto es, nace, crece, se desarrolla y actúa en un mundo de personas que viven en sociedad. Y  en tanto ser social, es a su vez un ser comunicativo.

Al formar parte de una  realidad social,  los seres humanos establecen múltiples relaciones con los miembros del grupo  a que pertenece. Y para hacer más efectiva estas relaciones, tienen que intercambiar información con los demás y exteriorizar lo que piensa, siente y desea. Para tal fin, precisa, pues, de ese instrumento de comunicación  que todos conocemos con el nombre de  lengua.

Ya conocemos que la lengua se actualiza o concretiza a través del habla, y que hablar, no es más que traducir en palabras los deseos, sentimientos y pensamientos.

Pero los hablantes no siempre manejamos la lengua de la forma más adecuada en el instante de transmitir nuestras ideas. Frecuentemente adoptamos comportamientos lingüísticos que lejos de fortalecer las relaciones humanas, lo que hacen es producir en ellas profundas  grietas. De ahí que surjan los conflictos que suelen destruir los vínculos armónicos que deben primar en el seno de todo conglomerado social.

Tales conflictos se originan generalmente movidos más por palabras que  por hechos. Incontables son los casos que nos permitirían validar este planteamiento: las demandas por difamación e injuria;  la queja del  empleado porque el jefe le habla “mal”; los chismes del vecindario que tantos roces o  enfrentamientos generan; el estudiante que  se queja por la forma en que le habló su profesor; el empleado que dimite  porque ya no soporta las groserías verbales de su jefe inmediato, etc.,

Desavenencias como estas ocurren porque a veces no hacemos uso de la lengua con la eficacia que una buena relación social requiere. A tono con este planteamiento conviene señalar que en el momento de intercambiar ideas  debemos seleccionar las palabras  que en términos comunicativos generen apreciables resultados. Como bien lo dice Gastón Fernández de la Torriente:

“El poder de la  palabra eficaz es ilimitado no sólo en la esfera política, sino en lo personal o en las relaciones laborales”  (La comunicación oral Pág. 7).

Son muchas las personas que  no se conducen con la prudencia requerida cuando tienen que hablar con los demás. Nos referimos, obviamente, a aquellos individuos que en lugar de usar la lengua para persuadir y orientar, la emplean para ofender, humillar e imponer criterios.

Ya lo explicó claramente  el cardenal Nicolás  de Jesús López Rodríguez en su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua:

“La  lengua tiene la posibilidad de ocultar en vez de manifestar; de engañar en vez de transmitir la verdad; de dividir en vez de unir; de enfrentar en vez de pacificar; de exacerbar en vez de suavizar; de debilitar en vez de robustecer y de trastocar en vez de ordenar”.

 En relación con las consideraciones precedentemente externadas, creo pertinentes las siguientes recomendaciones:

    1.- Al hablar, mire a los ojos de su interlocutor, escúchelo con interés y permítale que se exprese libremente.

    2.- Llame siempre a las personas por su nombre de pila. No le diga “caballero”, “jefe”, “viejo”, "don" “amigo”, “varón”, “comandante”, “caballo”, "monstruo", "loco", “ilustre”, “señor”, “querido”, etc.

Sencillamente llámele Luis, Abelaida, María, Efigenia, Ramón, Andrómeda o Doroteo. Recuerde en todo momento el consejo de Dale Carnegie:

“El nombre de una persona es para ella el sonido más dulce y más importante que puede escuchar”.

    3.- Al dirigirse a sus superiores o subalternos, hágalo con cortesía y respeto.

    5.- La autoridad y el respeto se logran con palabras firmes, pero respetuosas; nunca con el insulto grosero y bochornoso.

    6.- Evite ofrecer declaraciones o emitir opiniones en torno a cualquier asunto que tenga que ver con la vida íntima o privada de sus semejantes.

    7.- Procure evitar las murmuraciones, el comportamiento altanero y  los autoelogios. Una y otras prácticas constituyen el sello distintivo de los seres mediocres y acomplejados. Lo que usted es o sabe debe demostrarlo con hechos, nunca con palabras. La pedantería y/o altanería es una de las conductas más despreciadas por los seres humanos.

8.- Existen hablantes de cuyas bocas en lugar de ideas lo que salen son proyectiles convertidos en palabras. Evite, pues, formar parte de su fila.

    9.- Chismoso no solo es quien cuenta chismes, sino quien disfruta escuchándolos.

    10.- La lengua jamás debe usarse para ofender, humillar, denigrar o destruir.

 LA LENGUA DEBE EMPLEARSE PARA  ESTRECHAR LAS RELACIONES HUMANAS  Y CONSTRUIR UNA SOCIEDAD CADA DIA MEJOR.