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Entre el “Periodismo”, la militancia política y la desinformación

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 3 septiembre 2018

Yo creo en el periodista militante político y con carnet partidario. Mucho se ha hablado y escrito sobre ello.

La vinculación entre el periodismo y el mundo de “la política” es un hecho real.

Juan Bonilla ejerce ese derecho, milita y defiende al PLD y a Leonel Fernández y su tendencia.

No existe ninguna perspectiva apolítica del periodista y la noticia.

Ahora, esa realidad no puede llevar al periodista a una intencionalidad política para hacer daño y ser un persecutor constante de un líder y un partido. Porque entonces el periodista militante da cuenta de una realidad distorsionada.

A mí me gustan los periodistas de afinidad ideológica, ya sean de derecha, progresista o de izquierda, aquellos que dicen ser neutrales, “tiñen” como el que más el carácter de las noticias de intereses económicos, políticos y sociales.

Juan Bonilla a confundido su militancia y apasionamiento tendencial, es una confusión a su favor, que solo ve la paja en el ojo ajeno.

Juan, se ha llenado de odio contra todo aquello que huela a PRD, eso viene desde aquella ocasión que desinformó sobre el líder de siempre Pena Gómez, y dio a conocer la información que supuestamente lo vinculaba en Nueva York a individuos ligados a drogas. Una acusación perversa y aviesa, indignante, distorsionadora de la verdad, fruto del apasionamiento y el odio político de ese momento.

Yo fui testigo de exención, cuando Juan Bonilla, se reunió con Pena Gómez ya enfermo, en la casa del doctor Frank Joseph Thomen, sabedor él que la información que había publicado fue una infamia contra Pena Gómez,  y en esa reunión le pidió disculpa y perdón a Pena Gómez por lo que había hecho.

Juan Bonilla, ahora vuelve y adopta una actitud persecutoria, difamatoria, infamante contra el PRD y su nuevo líder Miguel Vargas.

Son opiniones y acusaciones sin ningún ribete de verdad, ni de contenido político e ideológico.

Es una lástima, y lo lamentable es que involucra periodistas con larga data de militancia consciente en el PRD. Periodistas que han vivido en la humildad, sin enriquecerse ni aprovecharse del Poder cuando el PRD ha sido gobierno.

Es una postura politiquera que muestra sólo una parte de lo que sucede, lo que a él y su grupo afines le conviene, solo afines a dirigentes políticos de su grupo partidario.

Yo quisiera que él adopte esa supuesta fiscalización del Canciller Miguel Vargas y el PRD, que la lleve a la ética, a la política de poderes públicos de sus dirigentes y líder que él  tanto defiende, que hiciera un ejercicio de acercarse a la verdad.

Que recuerde Juan Bonilla que antes que negocio privado, el periodismo es servicio social.

Que el periodismo no se puede concebir solo como fuente de poder y negocio, porque entonces marchr al lado de las perversiones del poder y del chantaje.

Juan, suelta al PRD y Miguel Vargas, concéntrate en Leonel Fernández, tu líder y mentor.

Yo, un militante de siempre de la política y el periodismo, celebro tú militancia política y la defensa a tus políticos, pero debe ser consciente, no vía para que garantice únicamente la supervivencia, y estabilidad económica.

No caiga, buscando notoriedad y ser gracioso a poderes y líderes, ejercer el periodismo chantaje, se puede desde la provincia servirle a la política y a los políticos, pero con dignidad y decoro. Apegado a la verdad, no solo viendo la paja en el ojo ajeno.

No es correcto condicionar el elogio o la crítica a la pauta publicitaria o política, al que ofrezca y pague.

Ese no es el “periodismo” que tu ejerce, porque ese “periodismo” es de miserable labor de compraventa.

 Ese es un “periodismo” que opera sin control ético y legal. Y como es más fácil hablar que escribir, o más eficaz hablar mal que escribir bien, es más frecuente encontrar el periodismo mercenario en la televisión o radio que en los medios escritos.

Lamentablemente, a la sombra de una profesión, el “periodismo” de estos tiempos, envilecida por el negocio personal y el parasitismo político, que operan como verdaderos “grupos de presión” cuyos instrumentos tienen a menudo métodos gansteriles: el que no paga, se friega. Mejor dicho, al que no pauta, se le cae encima.

El autor es periodista