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Criterio de Bosch en su carta de 1943

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 16 agosto 2018

Juan Bosch escribió una carta en La Habana, Cuba y fechada el 14 de junio de 1943, producto de un encuentro sostenido con tres amigos y destacados escritores dominicanos. Considero de interés reproducir la misma por la vigencia temática de la misma: el caso haitiano. Será transcrita en varias entregas y extraída del diario  “Noticiassin”. Sin embargo, es necesario contextualizar  la situación política de 1943, especialmente para los jóvenes estudiantes de estos tiempos. En primer lugar, esta carta fue escrita en el exilio en 1943; en segundo lugar, la tiranía de Trujillo tenía trece años en el poder, y en el plano internacional, se desarrollaba la Revolución Rusa con su ideología marxista de la lucha de clases en plena Segunda Guerra Mundial…y, en una isla del Caribe cuatro intelectuales analizaban el caso haitiano, con sus respectivas discrepancias conceptuales frente a ese problema social vigente ayer como hoy. Uno de ellos, autor de Cuentos escritos en el exilio, escribió su punto de vista en la citada carta. Dice así: 
    
“Mis queridos Emilio Rodríguez Demorizi, Héctor Incháustegui y Ramón Marrero Aristy. 
    
“USTEDES SE VAN MAÑANA, creo, y antes de que vuelvan al país quiero escribirles unas líneas que acaso sean las últimas que produzca sobre el caso dominicano como dominicano. No digo que algún día no vuelva al tema, pero lo haré ya a tanta distancia mental y psicológica de mi patria nativa como pudiera hacerlo un señor de Alaska. 
    
“En primer lugar, gracias por la leve compañía con que me han regalado hoy; la agradezco como hombre preocupado por el comercio de las ideas, jamás porque ella me haya producido esa indescriptible emoción que se siente cuando en voz, en el tono, en las palabras de un amigo que ha dejado de verse por mucho tiempo se advierten los recuerdos de un sitio en que uno fue feliz. Acaso para mi dicha, nunca fui feliz en la República Dominicana, ni como ser humano ni como escritor ni como ciudadano; en cambio sufrí enormemente en todas esas condiciones.
    
“Hoy también he sufrido…Pues de mi reunión con Uds. He sacado una conclusión dolorosa, y es esta: la tragedia de mi país ha calado mucho más allá de donde era posible concebir: La dictadura ha llegado a conformar una base ideológica que ya parece natural en el aire dominicano y que costará enormemente vencer; si es que  puede vencerse alguna vez. No me refiero a hechos concretos relacionados con determinada persona; no hablo de que los dominicanos se sientan más o menos identificados con Trujillo, que defiendan o ataquen a su régimen, que mantengan tal o cual idea sobre el suceso limitado de la situación de la política actual en Santo Domingo; no, mis amigos queridos: hablo de una transformación de la mentalidad nacional que es en realidad incompatible con aquellos principios de convivencia humana en los cuales los hombres y los pueblos han creído con firme fe durante las épocas mejores del mundo, por los que los guías del género humano han padecido y muerto, han sufrido y se han sacrificado. Me refiero a la actitud mental y moral de Uds. –y por tanto de la mejor parte de mi pueblo- frente a un caso que a todos nos toca: el haitiano”. 

Este tema continuará en la próxima entrega.