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El Estado político

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 6 agosto 2018

Muchos dan por sentado, que la primera condición para conducir al Estado, es la de ser “político”, aunque Platón, dice que lo primero es proporcionarles felicidad y justicia al ciudadano. Que el Estado se compone de aristocracia y tiranía, pues no puede ser lo primero, porque el pueblo es inculto, y se equivoca.

No es lo último, porque este no acepta imposiciones. Si ambos lo ignoran en las tomas de decisiones, entonces eso que la “soberanía descansa en el pueblo” es utópico, pues el poder descansa realmente en los que toman decisiones.

Son quienes administran, regulan y controlan la riqueza y miseria del Estado, aunque “permiten la participación del pueblo en elecciones”, que en el fondo, no deja de ser sólo formalismo, para entretener a las masas hambrientas.

Posiblemente los pueblos sean incultos, y ese fenómeno limite su capacidad, pero sin olvidar, que mediante la Mayéutica, filósofos como Sócrates, nutrían sus conocimientos del vulgo, a quien ponían a opinar de temas “simplones”.

De ese dialogo con venduteros, obreros, chiriperos y gente del común, sacaban fructíferas conclusiones que hoy sirven a la humanidad. Era común encontrarlos en parques y plazas públicas entablando conversaciones con ellos.

Haciéndoles preguntas como ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la tierra? ¿Qué es el Sol? ¿Por qué comes? ¿Por qué caminas? Las respuestas eran acorde con la capacidad del interpelado, pero estas dejaban buenos resultados a sus propósitos.

El Estado sería democrático, cuando quienes ocupan funciones públicas sean producto de una verdadera voluntad popular, y obren de acuerdo al interés colectivo, porque lo que demostraban los griegos era que cualquier idea aporta al debate.

Desde la Grecia antigua, tenemos tres polos controlando al Estado, y son: Iglesia, empresariado y políticos, gente que no le desvela el desarrollo de los pueblos, porque su atraso, es la mejor arma para adueñarse de su determinación.

De ahí, que Donald Trump, quien no es político, se encuentre con enormes obstáculos para gobernar, pues carecer del “tigueraje político”, le resta poder de decisión desde el Estado, que jamás puede manejarse como empresa particular.

Pero si el presidente se concentra a gobernar, y dejara de responder reacciones callejeras, pudiera dejarle mejores resultados a su nación, y demostrar que el Estado puede estar mejor en mano de empresarios, que de políticos.

Que esa condición de político no es, ni será imprescindible para gobernar bien. Pero debe dedicarse a conocer la idiosincrasia de la gente. Saber y conocer, cómo piensa el pueblo, y así dominarlo, como hacen los políticos.

Tiene el dilema, de gobernar una sociedad politizada, donde contrario a lo que sostiene Platón, la gente es culta, conoce sus derechos y deberes. Por eso no sé, si finalmente Trump decidirá engullirse el reptil podrido que decía Bosch para convertirse en político, o empeñarse a demostrar que el Estado no es estrictamente político.

Raros son los casos como Lula, que llegó al Estado brasileño, y nunca abandonó sus raíces de proletariado, logrando sacar cerca de 40 millones de ciudadanos de la extrema pobreza, e integrándolos al sistema de producción.

Por eso no descartamos, desde la cárcel, donde lo han llevado para matarlo sin enterrarlo, salga de nuevo con la investidura que da el soberano, claro está, si finalmente no terminan matándolo físicamente, porque nada se descarta.

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