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Infraestructura versus recursos culturales

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 8 marzo 2018

El pasado fin de semana dos amigos y yo viajamos a un importante municipio del Cibao, correspondiendo a una gentil invitación.  Llegamos con suficiente antelación al   centro comercial dotado de un salón de actos donde se realizaría la conferencia.  
    
Llamó mi atención la calidad de la infraestructura física; así que decidí conocerla completamente. Tiene dos salones bellísimos con capacidad para unas 125 personas sentadas y, otro más pequeño, en ambos podrían ofrecerse cursos, conferencias y hasta presentaciones de cámara desde sus tarimas que sirven de escenario… luces adecuadas, aire acondicionado, etc., oficinas, dos baños y otras áreas de servicio. Los pisos y escaleras revestidos de cerámica. Todo limpio y cuidado. Pero tiene una debilidad: no tiene un personal fijo que ponga en marcha un programa de actividades, y, naturalmente, carece de grupos artísticos de planta.     
    
Mientras hacía el recorrido pensaba: ¿cuántos salones de actos tendrá la ciudad de Santiago? No lo sé con exactitud. Quizás 20 ó más, entre públicos o privados. Seguí cavilando: y, el país, ¿cuántos salones tendrá?. Tampoco lo sé. ¿200?, ¿300?. Si existiera un proyecto o política cultural en esa dirección, algunas instituciones propietarias de esos salones bien podrían contratar los servicios de un encargado y al mismo tiempo maestro de arte para que imparta docencia y realice algunas actividades culturales. Eso tendría un efecto multiplicador importante si se hiciera, digamos, en 30 salones. Existen varios antecedentes en el país. Uno de ellos fue el maestro Juan Rosado en San Ignacio de Sabaneta y su extraordinaria labor en la formación de músicos desde un modesto local.
  
¿Cuántos teatros tiene el país?. Muy pocos; y los salones como los teatros no poseen un grupo artístico que lo sustente. Las salas de teatro que actualmente existen en Santiago de los Caballeros carecen de esos recursos humanos que contribuyan a mejorar el nivel cultural de nuestro pueblo.
    
Es una práctica que se arrastra desde hace muchos años: construir y construir salones únicamente para algunos actos eventuales. En cambio los grupos profesionales de música, danza y teatro que debieran tener un espacio permanente en un teatro, no lo tienen. Entonces deambulan, decrecen y desaparecen. El espacio natural para el Orfeón de Santiago debiera ser el Gran Teatro del Cibao. Y debiera ser el espacio para la formación artística como es el caso del Teatro Colón de Buenos Aires, Argentina. 
    
Por ejemplo, ese Teatro Colón, además de las orquestas, ballets, coro… posee el Instituto Nacional de Arte (ISA) que tiene como objetivo la formación de artistas profesionales. “Actualmente ofrece las carreras de Danza, Canto Lírico, Academia Orquestal, Dirección Escénica de Opera, Caracterización y Preparación Musical de Opera”. 
    
Otro caso es el Gran Teatro de la Habana “Alicia Alonso”. “Actualmente es la sede del Ballet Nacional de Cuba, y alberga en su sala principal “Federico García Lorca” las temporadas del Teatro Lírico Nacional.                
    
Hay que ser realistas, en nuestro medio no se puede aspirar a tanto pero algunas cosas se pueden hacer a corto y mediano plazo para ir cerrando la brecha del atraso cultural que nos afecta, y que se refleja, por citar un caso, en la alta tasa de feminicidios, discriminaciones y otros maltratos contra la mujer, empujando a nuestra sociedad hacia la barbarie.