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“Los zapateros prodigiosos”

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 8 febrero 2018

La zapatera prodigiosa es el título de una farsa violenta escrita en dos actos por el importante dramaturgo y poeta español Federico García Lorca (1898-1936) que tomamos prestado para cambiarlo al masculino y pluralizarlo, para referirme a un hecho ocurrido en esta ciudad de Santiago de los Caballeros hace un poco más de cien años involucrando a los hombres que ejercían el oficio de la zapatería, es decir,  los que fabrican o reparan  zapatos o calzados u otros objetos como cinturones, carteras… 
    
El Santiago de entonces tenía una población muy reducida, alrededor de doce mil habitantes pero una ciudad “hidalga, trabajadora, entusiasta, emprendedora y de sobresalientes aspectos infundidores de vida para la nación” como la consideraba Pedro R. Batista C. en su libro “Santiago a principio de siglo”, especialmente en los aspectos culturales como las artes y la educación, pero no menos importante era su actividad económica y productiva. 
    
En el renglón educativo había varias opciones, las escuelas primarias, la enseñanza de Caligrafía y Ortografía, así como un jardín para enseñar recitación y narraciones cortas. Escuelas y colegios para varones y hembras, entre ellas la de Don Pablo Franco Bidó, la de Lucrecia Espaillat, estudios avanzados para señoritas, la Escuela de Bachilleres dirigida por un profesor francés  llamado Monsieur Vieaux. El profesor Martínez Reyna enseñaba aritmética, geografía, historia y urbanidad.
    
En el renglón producción había una combinación entre lo urbano y lo rural. Se cosechaba frutas para la exportación, fincas lecheras, pequeños y grandes productores de café y tabaco. Fábricas de ron… En la parte urbana un censo consignó datos, tales como la existencia de 2 bibliotecas públicas, 3 imprentas, 8 periódicos, 2 fotógrafos, 15 sastres, 3 dentistas, 215 cigarreras, 704 costureras, 61 tiendas mixtas de detalles, 42 músicos, y la presencia “masiva de pequeños negocios de zapatería”… 
    
Resulta que Santiago con esa actividad económica y por su cercanía con Puerto Plata y su muelle, llegaban de tránsito entre Europa y  América continental, entre otras cosas, compañías artísticas de teatro, de circo…que viajaban con el elenco mínimo por razones de presupuesto, y esperanzadas encontrar el restante personal artístico en las ciudades que visitaban.
    
En esas condiciones también llegó a Santiago una compañía operática, es decir, dedicada a esa parte del teatro en que los parlamentos son todos cantados, sobre todo las óperas alemanas y las italianas. Los visitantes necesitaban de un personal para el coro, de algunos actores-cantantes y de músicos, pues como dije no viajaban con mucho personal. 
    
La compañía en cuestión era italiana, en la ciudad había algunos italianos. Los primeros sondearon la posibilidad que ofrecer una función operática en un local donde funcionaba un teatro, y debían reclutar el material artístico restante. Los músicos aparecieron sin dificultad, pero faltaba el coro y algunos actores. Ambos debían hacerlo en italiano. Y, saben ustedes quiénes lo suplieron amigo lector (a), los zapateros de Santiago que tenían esa formación artística y cultural para realizar esa presentación clásica. 
    
La función fue todo un éxito, gracias a “los zapateros prodigiosos santiagueros”.