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En acciones para el ejemplo

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 23 enero 2018

Hace un par de años escribimos un artículo, el cual lo titulamos, “A Duarte con el ejemplo”. Viendo todo lo que sigue siendo nuestro orden social, que al leer, estas líneas, se podrán dar cuenta que pareciera que fuera actual, y es porque no ha habido un enfoque para transformar lo que tenemos y padecemos como sistema.          Donde se ha perdido el respeto al orden institucional, o quizás se ha seguido el mismo método de que lo que importa es el personalismo y lo individual, el egoísmo.  Tomando en cuenta su fecha de nacimiento y que los valores que hoy nos siguen dominando, no son los mejores, exponemos lo que expusimos hace un tiempo, veamos y citamos:
    
“Vivo convencido, que viendo la sociedad que hoy padecemos, es fruto entre otras cosas, de los malos ejemplos que se notan más que son provocados desde el poder político, económico, eclesiástico y social.  Si los que somos ciudadanos comunes y ordinarios, que no manejamos influencia ni poder alguno, vemos actitudes y comportamientos: inadecuados; irregulares; sancionables pero con impunidades; irregulares; moralmente tachables y sin ética; entre otros, qué mensaje le estamos enviando a esos jóvenes, principalmente, que andan confundidos y viendo que lo fácil, , politiquería, mediocre, corrupto, sin cumplimiento de ley; es lo que vale y no el esfuerzo, la responsabilidad, honestidad, moral y decencia.
    
Un ejemplo de todo esto, se encuentra lo escrito por el veterano periodista, Molina Morillo, cuando expresa en su artículo del día de ayer, en el diario el Día, lo siguiente: “Un mil doscientos setenta y siete. Anoten ese número como símbolo de la irresponsabilidad social, de la sinvergüencería política y de lo poco interesado que se nos presenta el Estado dominicano para combatir la corrupción”.
    
“¿Por qué? Pues porque ese es el número de funcionarios públicos a quienes no les ha dado la gana de cumplir con la ley que les ordena rendir una declaración jurada de sus bienes, lo que facilitaría las correspondientes investigaciones sobre enriquecimiento ilícito de funcionarios que manejan fondos públicos”.

“Lo malo no es solamente que esos funcionarios deben estar muertos de la risa a sabiendas de que nunca serán investigados, sino que tampoco hay una autoridad que asuma esa persecución”.

Esto que enuncio es apenas una muestra de los hechos y acciones que deben comenzarse a cambiar, para que los ejemplos que se intentan llevar o que se requieren para cambiar la descomposición social que hoy acusamos.  
     
“Hace unos seis años que publicamos un artículo con el título “Si Duarte Viviera”, donde exponíamos lo que era la situación y la realidad de nuestra sociedad, en ese momento y lo que entendíamos era el significado al que había caído el valor o el respeto a nuestro insigne Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte y que basado en ciertos hechos o escándalos que se habían cometido en ese año del 2005, la comparación con los ideales del patriota con el comportamiento social”
    
“Nos ha motivado desempolvar este escrito, el vergonzoso y lastimero comunicado, que hiciera publicar el Senado en los medios de escritos de comunicación, confundiendo el Día de Duarte, 26 de enero, de su nacimiento, con el de su muerte. Dios nos ampare.  Veamos el artículo de marras y citamos”:
    
“Siempre vivimos destacando a ciertos países del globo terráqueo por la forma que sus habitantes resaltan sus valores patrios y el lugar en que sitúan a sus héroes, buscando, en cierta forma, de que los cimientos en que se fundó esa determinada nación no perezcan ni se debiliten”.  “Hacen de todo ello una responsabilidad estatal, a tal punto que castigan severamente los improperios y faltas cometidas en contra de sus símbolos”.   
    
“Continuamos citando: “Ejemplos de todo cuanto hemos indicado son más frecuentes cada día en nuestra sociedad y lo peor es que cada momento es menos el factor sorpresa entre nosotros”.  “Los hechos combinados que ocurrieron donde”: “un delincuente fue vitoreado y escoltado por  una parte  de la ciudad capital, envuelto en la bandera dominicana”; “el legislador que fue atrapado traficando con ciudadanos chinos y que se ha burlado de la justicia, no es capaz de recibir el rechazo de sus compañeros de partido ni de curul”.
    
“Cada vez, es más notorio que la conmemoración del natalicio de Duarte y de otras fechas y en esa misma vertiente todos aquellos llamados a asumir posiciones o funciones públicas no hacen honor a hombres como él”.
   
 “Sigue diciendo el escrito citado: “Es un pequeño reflejo de lo que es nuestra sociedad, un ambiente donde todo se está rigiendo por la ley del más fuerte, del desorden, donde cada quien está haciendo lo que quiere y con la indiferencia y complicidad muchas veces de las instituciones llamadas a imponer el ejemplo”.
    
“Y lo del Senado  y la publicación, no es propio solamente de esta institución, es una descomposición a todos los órdenes, contra lo que tendremos que seguir luchando para no hacer del olvido parte de la historia”.
    
Para terminar, no quiero dejar de citar, lo que apuntara en un artículo  para ese tiempo que tocamos el tema, fue escrito por el periodista y abogado, Adriano Miguel Tejada, indicando lo siguiente: “El gran problema del país es que cada día son más los dominicanos que no creen en la política ni en los políticos, ni en la justicia, ni en la Policía, ni en la prensa, ni en la iglesia. Es más, el nivel de frustración es tan grande que ni siquiera los logros que se han obtenido en los últimos años son aceptados”.
    
Por supuesto: los malos políticos, los periodistas venales, los policías delincuentes, los jueces parciales y los curas inmorales tienen la culpa de lo que pasa. Pero el gran culpable es un sistema institucional que no condena ni siquiera moralmente a los infractores.
    
Como pueden ver, uno de nuestros factores de la descomposición que acusamos y que desdice mucho de lo que fueran los ideales del patricio, está en el ejemplo.  Es con hechos y acciones del día a día, de cada dominicano y no con palabras, ni publicidades, que se sigue a Juan Pablo Duarte y Diez.