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Acostumbrarnos al terrorismo

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 6 noviembre 2017

Cuando a principio de los 90s, Estados Unidos, decidió invadir a Irak, en ese mismo momento puso fin a la paz, no sólo de esta nación americana, si no, de todas aquellas naciones, que por alguna razón le hicieron el coro.

Sabiendo, se agenciaban de enemigos a un grupo, que sin mucho qué perder, usaría los métodos más crueles, y despiadados, para vengarse, de quienes usando su poderío militar, estratégico y económico, buscaban someterlos.

La Guerra del Golfo, desataría por siempre los “demonios”, que en el instante menos esperado sembrarían el pánico, en cualquier territorio de estos países, en conflicto con su región por asuntos políticos, religiosos y culturales.

Sadam Husein, y Bin Laden, lo advirtieron, que una invasión a su territorio, desataría la Madre de todas las batallas, y pondría fin a la paz mundial. El líder de Al Qaeda, luego de los atentados terroristas del 9/11, volvió a reiterárselo, "jamás vivirán en paz".

Todavía el mundo desconoce el objetivo, pues si no estaban explicadas las causas de la invasión de Iraq a Kuwait, porque este supuestamente le robaba petróleo, tampoco nadie sabe, qué buscaba la coalición, aunque se presume ese carburante era el fin.

Lo que nunca se pensó, fue en las consecuencias de una acción poco sopesada, porque la ONU, respondiendo a intereses de sectores, ni siquiera se detuvo a mirar más allá de las circunstancias, y lo que eso desencadenaría.

Si la intervención de estas naciones hubiese sido diplomática, en lugar de sangrienta, hoy posiblemente no se hablara del 9/11. Tampoco M-11 de Madrid, y tantos otros episodios sucedidos en Inglaterra, Francia, y otros países.

Hoy, New York, volvió a ser estremecido por el terrorismo, llevando inocentes la peor parte. El Bajo Manhattan, una zona frecuentada por turistas de todo el mundo, donde a pesar de la extrema vigilancia, los delincuentes que preparan el golpe, siempre encuentran el blanco perfecto, para cebarse con el dolor.

Ciclistas indefensos, fue el objetivo en quienes estos desalmados pusieron su mirada, y el golpe no podía ser menos demoledor, ocho muertos, y más de diez heridos. Sin muchas alternativas frente a esos actos crueles, lo único que podemos hacer es, encomendarnos a la Vida, y orar, para no encontrarnos en el lugar elegido por ellos.

Pero tampoco debemos auxiliarnos en el miedo, pues esto de muy poco sirve para evitar lo inevitable. Aunque resignados al terrorismo, las personas no pueden salir de sus hogares invadidos por el temor a estos abominables hechos.

Debemos convivir con el terrorismo, y hasta hacernos sus amigos, para que de la misma forma que el amor lo vence todo, tal vez, así el impacto sea menor. Desde los finales de aquella guerra, Los Estados Unidos lidia con un enemigo desconocido, que lo embosca cuando quiere, y le propina golpes demoledores, como este último.

Adversario que duerme en nuestra casa, sin poderlo identificar, y que se mueve libremente, porque cambia de nombre, pero empleando los mismos métodos. Ayer eran “Talibanes”, luego Al Qaeda, ahora Estado Islámico, pero la saña es la misma.

Silencioso, haciéndose sentir sólo con la crueldad, atacando como “lobos solitarios”, mordiendo con furia. Aunque enfrentan a enemigos poderosos, casi siempre logran ponerlos de rodilla, con hechos viles como el de New York.

alex15958@hotmail.com

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