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Desde Mi Ventana Óptica

Publicado por Redacción  x  |  Opinión |  lunes 19 mayo 2014

De la debilidad institucional en República Dominicana, lo más preocupante es el sistema judicial. Es inaceptable, que ante su fragilidad, criminales humillen a la sociedad con hechos atroces, y obtengan tan fácil su libertad.

Que narcotráfico, crimen organizado y corrupción encuentren a jueces de aliados en su mal proceder. Ejemplo, a Vantroi, la policía le atribuía más de treinta crímenes por encargo, y la semana pasada lo mató, porque a pesar de ese historial andaba libre.

Y es que, quienes están llamados a defender a la sociedad se distraen en nimiedades, por eso, asesinos a sueldos contratados para matar a Suleika Flores y Nathasha Sing, tienen antecedentes penales, sin que nadie explique bajo qué razonamiento jurídico obtuvieron la libertad de continuar haciendo lo único que aprendieron a hacer, matar.

Esta dejadez judicial, le ha robado  al ciudadano la libertad de tránsito, establecida en la Constitución, porque gatilleros ejecutan sus planes macabros sin reparo, a cualquier hora del día, desafiando a la sociedad, cometiendo crímenes horripilantes como los de estas jóvenes.

En Estados Unidos, esos casos a lo mejor suceden a diario, pero la diferencia es, que los jueces respetan a la sociedad que les paga, y esos criminales sufren las consecuencias al cometer hechos lacerantes, sin importar subterfugios legales a que recurran abogados, las condenas sientan precedentes.

Recientemente comentaba a colegas, el caso de un compatriota nuestro, que producto de su edad y la deformación, un día cualquiera decidió salir a asaltar a un taxista, al que mató con un revólver, en el Bronx, NY.

Al respecto me decía un abogado, “el caso no conllevaba una pena mayor de 25 años”, sin embargo, ese joven que apenas ronda 20 años de edad, guardará prisión de por vida, porque jueces y jurado no vieron en él ningún arrepentimiento durante el juicio llevado en su contra.

Sostiene, que en el momento cuando presentaban el video de cómo sucedieron los hechos, éste se mantuvo indiferente, o como si hubiese estado en el cine. De ahí que, en lugar de la pena que ameritaba, fue castigado no sólo por el crimen cometido, si no, por su crueldad exhibida.

Crease o no, es lo único que hace reflexionar a un criminal, cuando sabe que la justicia castigará sus acciones y comportamientos. En mi país, mientras los hechos más horripilantes, así de rápido son liberados los criminales. Hace poco, un buen oficial de policía fue asesinado por sicarios, en Jarabacoa.

Ahora, tres jóvenes aparecieron ejecutados en la misma zona, en  Navarrete, acribillaron a tres narcos, y empresarios viven un “Infierno”. El más reciente, Pedro Antonio Nolasco, fue sacado de su negocio a la fuerza, por siete hombres armados.

Una clara evidencia de que los delincuentes no respetan, ni temen al sistema judicial, porque saben que entran por una puerta, y rápidamente salen por otra, para continuar su labor criminal, sembrando el terror en la población, contra gente buena y trabajadora.