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Volviendo a la Conchupancia

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 19 septiembre 2017

Hace unos catorce años escribimos un artículo con el título la “Conchupancia Dominicana”, en el cual hacíamos referencia sobre de dónde había salido el concepto y su vinculación con la situación venezolana cuando era gobernada y disfrutada por los dos partidos mayoritarios y la jerarquía de las diversas cúpulas y una comparación con nuestra actualidad.  El escrito que hacemos referencia, expresaba, lo siguiente: 
    
“Cuando todavía existía el ya desaparecido periódico el Siglo, recuerdo que hace unos cinco o seis años nos llamó la atención, primero, el título del editorial, “La Conchupancia”, y segundo su contenido, sobre la participación y actuación de los partidos políticos de Venezuela.   Hemos querido realizar un símil de ese escrito con la situación actual del país y el comportamiento tan parecido de nuestros partidos políticos con sus colegas venezolanos”.
    
“Lo primero es que para acercarnos a una idea de qué significa el término o concepto de “conchupancia”, no podemos buscarlo en el diccionario, ya que el mismo resulta ser una creación o dicho popular venezolano salido de las experiencias pasadas de los que habitan la tierra de Bolívar, buscando expresar y definir los dos partidos principales partidos de esa nación, ADECO y el COPEY, los cuales en sus diversos periodos y por largos años sangraron y se repartieron a Venezuela para su propio beneficio”.  
    
“La creación lingüística popular viene de un pacto llevado a cabo entre los dos partidos políticos venezolanos, Partido Acción Democrático (Adeco) y el Social Cristiano Copey (Copey).  Es así como  Adecos y Copeyanos se reúnen en una de las propiedades del ex presidente venezolano Rafael Caldera y deciden firmar un pacto el cual consistía en que ambos partidos se continuarían repartiendo el “usufructo” de las empresas estatales, empleos, viáticos, operaciones de negocios, entre otros.  Esta reunión del robo y la estafa fue conocida por el pueblo de Bolívar y decidió buscarle el concepto de “Conchupancia”, que proviene  cuando un partido chupa y cuando son dos que lo hacen, o sea chupan juntos, se les llama Conchupancia, que en palabras claras significa complicidad.  Este convenio fue hecho muchos años antes de llegar al poder el actual Presidente Hugo Chavez Frías; ese conciliábulo al que arribaron ambos partidos políticos”. 
    
“Para que los partidos políticos de Venezuela llevaran a cabo dicho pacto expresamente convenido –que sería el mismo que de forma tácita llevaron  a cabo previo al mismo-, debían ampararse o tener como respaldo, primero de las cúpulas de ambas parcelas, de cúpulas empresariales corruptas, de cúpulas eclesiásticas corrompidas y de un sistema político e institucional inservible y descompuesto”.   
    
“Ahora bien, ante tal panorama, el pueblo de la hermana República Bolivariana de Venezuela tuvo la virtud de que la Conchupancia, compactara o uniera a lo mejor de los ciudadanos: los centristas, de los moderados, de los conservadores, de los reaccionarios, liberales e izquierdistas, en un solo objetivo o base, la indignación, el engaño, la estafa, la impunidad y la complicidad de los dos grandes partidos venezolanos en contra del pueblo”. 
    
“Cada pueblo define y conceptualiza sus quejas e insatisfacciones de acuerdo a su realidad.  El venezolano definió el ladronismo y el contubernio entre los dos partidos que se repartían el poder por años llamándole y definiéndola como  “conchupancia”.    El pueblo dominicano no ha estado ajeno a una “conchupancia “ o “trichupancia”, o sea, de tres partidos donde sus cúpulas se han enriquecido, no han resuelto los problemas más elementales, se han acogido a la complicidad entre unos y otros como una especie de pacto tácito para la impunidad.  Estamos seguros que no importa el tiempo, lo mejor del pueblo dominicano se aglutinará ya cansado, hastiado y engañado de esas altas dirigencias de los tres partidos y le brindará apoyo a un grupo de hombres y mujeres que vayan al Estado a realizar un gobierno central, congresual o municipal decente y  honesto, que es lo que ha faltado en este país”.
    
Como podemos percibir, de la sola lectura de todo esto que más arriba describimos de un contexto de hace tantos años, parecería que fuera de una realidad actual, porque, primero, lo sucedido en su oportunidad en Venezuela, y la comparación que hicimos en esos años sobre el comportamiento de los partidos políticos mayoritarios, sus cúpulas y de los cómplices que siempre han tenido para mantener este sistema desigual y desorganizado, pareciera que no ha cambiado para nada, al contrario, la descomposición social, la corrupción y la impunidad, siguen campeando por sus fueros y con mayor fuerza.
    
Cada día que pasan los partidos políticos de nuestro sistema, al igual que en las naciones mencionadas, se alejan de las exigencias y las prioridades de la sociedad.  Los partidos son necesarios, pero no para que actúen en su provecho particular, para que sean generadores de desordenes, escándalos, estafas, contubernios y obstáculos del desarrollo y el crecimiento en todos los órdenes de nuestra nación. Y una muestra de ello es lo difícil que ha resultado aprobar una ley de partidos que los regule, organice y los haga realmente democráticos, algo que impera por sus fueros.  Esa misma manera en que se manejan a lo interno, lo hacen hacia afuera.
   
El pueblo dominicano, al igual que otros, merece de mejor suerte en cuanto a la clase política que la dirige, ya que el sistema que ellos mismos han creado con ayuda de otras cúpulas corruptas, lo que está contribuyendo es a que la política sea un real oficio y no un servicio, donde en poco tiempo nuestra sociedad esté llena de “conchudos o conchudas”,  que no es más que la definición de un sinvergüenza y caradura, o como lo definen los mexicanos: “Dícese de la persona perezosa que se aprovecha del trabajo de los demás”.   Una y otra definición están siendo llevadas a cabo a la realidad dentro de nuestro contexto social ya bastante descompuesto.  Lo que requerimos es más hombres y mujeres, ejerciendo conciencia social, educándose y dejando de  ser indiferentes ante lo que hace años padecemos como pueblo y que no han podido disfrutar como mayoría, lo que se llama pueblo dominicano. A cambiar esta pesadilla.