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Al maestro sin cariño.

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 30 junio 2017

(A mis hermanos maestros Pedro, Gernalda y Basilio Caba Ramos)

Como repite mi exalumno y hoy destacado académico, Juan Francisco Zapata (Pancho), formo parte de una “dinastía” magisterial conformada por los hermanos  a quienes está dedicado el presente artículo. Dinastía a la que me integré como cuarto y último  miembro, y a la cabeza de la cual se encuentra mi hermano Pedro, competente y consagrado maestro, el cual fue el ejemplo a seguir en nuestra tortuosa, pero  placentera trayectoria docente.

Fue Pedro el primero en inculcarnos la idea de que un buen maestro tiene que desempeñar sus delicadas funciones con entrega y responsabilidad, planificar siempre las clases que imparte, leer e investigar mucho para mantenerse actualizado  y  enseñar siempre con el ejemplo.

 Nos enseñó que independientemente del trato  nada motivador que recibe, no existen razones para que el maestro se comporte de manera irresponsable en el ejercicio de sus funciones. Y nos enseñó también,  que no es verdad que el maestro es un apóstol, como  política y maliciosamente han querido  presentarlo los sustentadores del status quo, con el deliberado propósito de invalidar cualquier tipo de lucha reivindicativa. Y que de ser así, entonces estaríamos frente a frente a un apóstol  afectado por las mismas necesidades y problemas que sufren  los demás,  y  que, por esa razón, está en el deber de reclamar sus derechos en pos de una vida mejor.

 Yo creo en el maestro que abraza con pasión el noble oficio que ejerce; pero yo también creo que ese servidor debe tener resueltas sus condiciones materiales de existencia, como afirmaba Carlos Marx. Porque como  muy sabiamente dijo en una ocasión el presidente de la General Motors  : “ Ningún empleado podrá trabajar con calidad ni mucho menos  identificarse  con la empresa si está desmotivado, no devenga un salario justo, ni  disfruta de una plan de incentivos que le permitan resolver sus problemas fundamentales”

Hoy, 30 de junio,  se celebra en nuestro país el  “Día del maestro”. El día del ser que ejerce el más noble y digno de los oficios del universo. Ese día no habrá  gran despliegue publicitario, como ocurre  en  otras fechas,  ni se publicarán, en la prensa nacional,  enjundiosos editoriales o apasionados artículos exaltando el trabajo de este abnegado servidor.

 Y es que no obstante la importancia de la labor que realiza, al maestro casi nadie lo incentiva, motiva o reconoce  su  trabajo. Nadie parece entender que sólo él es capaz de borrar las tinieblas de la ignorancia y abrir las puertas del conocimiento. Al contrario, como “recompensa”, el maestro dominicano, extrañamente,  lo único que recibe es crítica e interesados cuestionamientos, realidad que lo convierte en el gran vilipendiado. Como bien se registra en las letras de la canción: “El cura cree que es ateo / y el alcalde comunista / y el cabo jefe de puesto/ dice que es un anarquista…”

 La sociedad sólo le pide, pero muy poco le da, empezando por quien más debería concederle ­: el Estado Dominicano. “Te pago como obrero, pero debes enseñar como un científico…”, parece ser la máxima social dominicana.

Estamos conscientes  de que tan  adversa actitud  podría estar alimentada por la práctica irregular  de  muchos  profesores que no han sabido comportarse a la altura de su investidura; pero que debido a la ausencia de un científico programa de supervisión docente, desafortunadamente se mantienen activos provocando más daños que beneficios dentro del sistema educativo. Entre estos, además de incumplidores e incompetentes,  los hoy   violadores y/acosadores de sus alumnas, y directores y coordinadores acosadores de sus compañeras de trabajo; pero todos ellos, vale reiterar, desgraciadamente yacen vigentes dentro del sistema educativo dominicano.

 Un sistema injusto, inhumano, sectario, politizado y altamente contaminado ideológicamente. Un sistema que muy poco ha hecho para premiar y retener a sus mejores talentos, y que no ha sido capaz de establecer categorizaciones importantes técnicamente estructuradas en virtud de las competencias y desempeño de cada quien, evitando así que  todos  los educadores  sean “medidos con la misma vara”  o valorados de la misma forma.

Un sistema, en fin, en cuya base se reproducen  las irregularidades cometidas en la cúspide por unas  las autoridades que lo administran, las cuales consumen más tiempo defendiendo rabiosamente los intereses del  partido en el poder que diseñando planes y programas orientados a  desarrollar y modernizar la enseñanza pública. Autoridades que  no propician las condiciones materiales y espirituales  requeridas para que en nuestras escuelas  el maestro se sienta motivado a ejercer su trabajo con alegría y entusiasmo.

 Para los maestros de verdad. Para ese maestro sin cariño, activo o pensionado, que en medio de tan desmotivador y adverso panorama laboral es y fue capaz  de ejercer con   responsabilidad   el delicado oficio  que la sociedad puso en sus manos, vayan  nuestro más sentido y sincero reconocimiento.