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La Iglesia y sus negocios

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 12 junio 2017

A más de 500 años, cuando la Iglesia vendía indulgencias, dicha práctica cambió, pero el negocio es el mismo. En el nombre de Dios, ha aumentado su dominio, donde todavía la gente acude a llevarle parte del salario ganado con el sudor de su frente.

 Bajo la promesa de interceder ante "Dios" por “pecados” de hombres y mujeres, esa institución recibe las llamadas ofrendas, por ejemplo, creo que todavía, los ganaderos del país envían reses a la "virgen" cada 21 de Enero.

 Fue lo que irritó a Martín Lutero, dando paso a la Reforma, y nacimiento de la Iglesia protestante. Lo que nunca se imaginó el líder del protestantismo, fue que sus condiscípulos entrarían en el negocio de la Fe, al estilo catolicismo.

 Que igualmente, usarían la prédica para venderles indulgencias a feligreses, bajo promesas de que Dios les multiplicará lo aportado, para arrancarles el famoso diezmo. La época en que la Iglesia vendía el perdón de “pecados” evolucionó.

 Ahora, en su lugar, le impone la carga de ese impuesto, donde muchos “pastores” incluso, les sacan cuentas a los feligreses de lo que aportan, en relación del salario percibido, como si los ayudaran a ganárselo.

 En lugar de vasallos de Cristo, los convierten en sus esclavos. Dios dejó de ser el padre que todo lo da, incluyendo amor en abundancia, para convertirse en el mejor activo para ellos hacerse ricos sin trabajar.

 No importa, si ese dinero proviene del narcotráfico, crimen organizado, de la prostitución, robos al Estado, el nombre de Dios lo limpia, mientras los siervos se hunden en la pobreza material, la ignorancia terrenal y espiritual.

 Eso muestra, lo lejos de lo espiritual que están las Iglesias, y lo poco que les interesa el crecimiento y despertar de los pueblos, la prédica en que Jesús hizo mayor hincapié a los feligreses, para que conocieran la verdad y esta les liberara.

 El nombre de Dios y Cristo, es el mejor negocio que han encontrado esos grupos para acumular poder económico, social y político. Por eso, el madero en que crucificaron al hijo del hombre debió ser el más grande del mundo.

 Algunos creen, se podría construir un barco, porque la Iglesia se pasó siglos vendiendo astillas de esta cruz, haciendo negocios con su martirio, a través de quienes se aferran a la riqueza terrenal. 

 Lo mismo con la vestimenta, pues todavía aparece parte de esta, vendiéndose en mercados, por lo que los ingenuos pagan altas sumas de dinero, para poseer un pedazo del lienzo que lo cubrió hace miles de años.

 Esta vendía indulgencias a distintos precios, dependiendo el “pecado” cometido o por cometer. El perdonador o bulero, recorría pueblos, vendiendo indulgencias y perdones otorgados por el Papa, incitando a las personas a comprarlos para “salvar sus almas”.

 Como vemos, la corrupción nace con el cristianismo, y sabemos entonces, por qué los “evangelizadores” llegaron con tanta sed de acumular fortunas, y por qué, en grandes ciudades como New York, las mejores propiedades son de la Iglesia.

 Aunque por el Vaticano han pasado pontífices como el actual Francisco I, preocupados por la mala imagen de la Iglesia, es poco lo que podrían hacer al respecto, pues tantos siglos de engaños no se revierten tan fáciles. 

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