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El otro Rafa Rosario

Publicado por Redacción Externa  |  Opinión |  lunes 6 febrero 2017

Existe un Rafa conocido: el líder de Los Hermanos Rosario. Dirige una orquesta perfecta. Todo es armonía y ritmo. Es como una constelación de estrellas donde cada una se coloca en el lugar preciso para iluminar los escenarios y vestir de alegría hasta  los rostros más tristes.

En las fiestas los asistentes dudan entre bailar un merengue que les  llega al corazón u observar a los virtuosos en la tarima, con su encanto fuera de serie  Es un agradable dilema, pues todos quieren aprovechar al máximo el espectáculo. Muchos optan por dar “dos pasitos” con su pareja  y luego ver y admirar a esos extraordinarios exponentes de nuestra música, y así se mantienen durante toda la noche: bailando y mirando.

Bonifacio, Luna coqueta, Mil horas, La dueña del swing... los éxitos son innumerables.  Y cuando se habla de ellos en el exterior, la gente dice: “Me fascinan los hermanos bomba”.

Pero hay otro Rafa Rosario, uno que aunque es distinto del famoso, es a la vez su complemento. Sabe que debemos evolucionar  para seguir adelante, buscando siempre la calidad que merece el público. Y eso se logra cultivando el espíritu y el saber.

La primera vez que conversé con Rafa quedé impresionado. Las musas se apoderaron del ambiente y hablamos de poesía. Recitamos a coro a Rubén Darío (mi preferido) y recordamos a Miguel Hernández, Pablo Neruda, Antonio Machado... Concluimos conversando sobre las canciones de Silvio Rodríguez; Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina; Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa... intérpretes de los  que Rafa nos ofreció datos  interesantes.

Nos hicimos amigos. Es un hombre noble. El tema literario estaba presente. Y cada vez que yo mencionaba un libro, ya Rafa lo había leído, desde los clásicos hasta los modernos, desde la Ilíada y la Odisea de Homero, hasta El Perfume  de Patrick Süskind. Los analizaba con profundidad. En lo particular, me impresionó su seguimiento a Gabriel García Márquez. 

Y si a esto se agrega su amplia cultura universal y la sabiduría de sus palabras, concluimos que estamos en presencia de un artista completo, cuyos laureles no son producto del azar, sino de una preparación constante y de profundas reflexiones sobre la vida. El Rafa con el que estamos familiarizados es admirable; el otro también.