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Recordando una vida

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 31 enero 2017

Cuando me decidía a escribir sobre otro tema, me llegó de forma diosidente, el mensaje de una joven de nombre Jessica Nalleli Reynoso de Robles, a ella la había conocido hace unos cinco años, para el año 2012.  Así de forma sorpresiva, como sucedió ahora, se comunicó conmigo vía telefónica.  Hasta el momento de la llamada, no la conocía.  Me pedía que por el hecho del atentado del que fue objetivo, el 2 de junio del 2010, que precisamente, se cumplen ochenta (80) meses del mismo y por lo cual doy gracias a Dios por la vida; fuera a visitar a su madre que se encontraba recluida en un centro clínico privado en el área de cuidados intensivos y deseaba que una vez allí orara por ella.  Quería que de una forma o de otra le transmitiera parte de la fuerza de la fe que me había ayudado hasta ese momento, a luchar contra mi situación de salud y el proceso penal que apenas iniciaba.
   
Una vez me llegué al lugar y estuve junto a la persona por la que estaba ahí, me explicaron con mayores detalles lo que había pasado y el por qué se encontraba ahí. Su nombre era, Thelma Teresa Rodríguez, y en el carnaval del año ya indicado más arriba, mientras ella, junto a su hija y nuero, iban en su vehículo subiendo por la avenida las Carreras y mientras pasaban a la altura del Monumento a los Héroes de la Restauración, había un tumulto de personas aun en la celebración de dichas fiestas, se escucharon disparos y uno de ellos le dio a su madre, provocando que la misma quedara sin poder caminar y para alimentarse era por vía de máquinas, prácticamente en coma.  Se realizaron con el tiempo una gastrostomía y una traqueotomía, y luego de dos años le colocaron oxígeno.
   
Esa condición ya indicada la mantuvo durante casi cuatro años, esto le cambió la vida a su familia y a principalmente a su padre, quienes se encontraban en una situación donde se suponía ya estaba para vivir disfrutando de sus hijos y de los nietos que pudieran llegar.  Sin embargo, esa bala perdida disparada un día de algarabía y fiestas, fue de tristeza, pesar y dolor.  Ver un ser humano apagarse, aunque se mantuviera con vida. Y el suplicio por el que tuvo que atravesar, destruyeron en muchos aspectos a esta familia que veían como se apagaban sus esperanzas de que doña Thelma reaccionara y volviera a algo normal. Hace dos años, el 8 de julio del año 2015, murió doña Thelma, decidió descansar de una batalla que no eligió ni se buscó, todo por la irresponsabilidad de otro, que dentro de un momento de locura, disparó un tiro al aire, llevándose con el mismo en fracciones de segundos, la felicidad y alegría a toda una familia.
   
En el mensaje de Jessica, me indicaba, lo siguiente y cito: “Es muy duro, mi papá aún no lo supera, pero tengo mis hijos y eso me da mucha alegría, te sigo siempre, y doy gracias a Dios que tienes tu vida.  Disfrútala, no dejes pasar ni un momento sin disfrutar.  Y sigue luchando por las causas injustas”. “Teníamos enfermeras y salimos de ellas y mi papá y yo con ayuda de mi tía y una prima la atendíamos, luego cuando yo di a luz, mi papá decidió atenderla el solo, día y noche, duró más de un año haciéndolo. Solo descansaba cuando yo llegaba en la tarde y así terminamos, le dimos todo y sin perder la fe, pero no valió nada.  Mi papá sigue muy mal, se fue a vivir a Estados Unidos y no ha vuelto hace un año y medio”.
   
El clamor de Jessica, no era solamente, enviar este mensaje a quienes pudiera llegar este diario, sino que pudiera hacer reflexionar a quienes pueden llevar mayor control y evitar dentro de lo posible que hechos así vuelvan a ocurrir.   Y a propósito, que ahora vuelve la celebración carnavalesca en esa misma zona y área, donde ocurrió la fatalidad que cambió su vida y la de su familia, para que se busque evitar que la realización de una fiesta de carnaval no tenga que convertirse en una travesía para otras personas, que no estando en esas actividades, acaban siendo afectados.  Es cierto que son hechos que pueden suceder donde existe aglomeración de personas y donde hay bebidas sin límites ni control, sin embargo, que al menos envío el mensaje para que se tome en consideración que situaciones así pueden volver a pasar y han pasado y han transformado y destruido vidas.  Se puede celebrar lo folclórico pero que el mismo no pierda su esencia cultural hacia el desorden.
   
Es posible que un hecho como el que hemos narrado, solo le interese de forma particular a la familia de Jessica, pero no debemos olvidar que nadie está exento a hechos de esta naturaleza y sobre todo, en un país, donde las armas andan en mano de cualquier desaprensivo e incapaz para llevar este tipo de artefactos.  Ojala esta experiencia sirva para que muchos puedan aprender de ella y que sepan que nadie sabe el día ni la hora, ni la forma, en que nuestras vidas pueden cambiar de la noche a la mañana.  Y bien hacemos como sociedad cuando podemos asimilar y aprender de las experiencias ajenas.  
   
La experiencia de la doña Thelma Teresa Rodríguez y su familia, no es algo aislado, no es la primera víctima de una bala perdida en ambientes como el que precisamente comenzara  en este mes de febrero que inicia.   Ahora bien, que al menos sirva para evitar que otras personas pasen por el mismo calvario que el narrado.  Que se recuerde que si bien no se pudo determinar quién fue su causante, al menos, su testimonio sirva para concientizar a muchos.
   
Que Dios nos libre, de la maledicencia y perversidad de quienes tienen un corazón oscuro.  Asimismo, de quienes piensan que pueden disponer de la vida de los demás, ya fuere, con intención o por su propia irresponsabilidad, cambiando con ello la existencia de muchos buenos corazones.