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CURIOSOS ORÍGENES LEXICOSEMÁNTICOS

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 30 diciembre 2016

1.    « Echar un polvo»

La expresión ‘echar un polvo’, como forma vulgar para referirse al acto sexual, es un modismo ampliamente utilizado y cuyo origen tiene dividido a los propios expertos en etimología, si bien la mayoría apuestan a que procede de la costumbre, ampliamente extendida en los siglos XVIII y XIX, de consumir entre las clases burguesas y aristocráticas el polvo de tabaco conocido como ‘rapé’. Este polvo  era aspirado por vía nasal, por lo que solía provocar molestos estornudos y para ello, los caballeros que lo consumían en las fiestas y reuniones de sociedad, se retiraban a otra estancia con la intención de ‘echarse unos polvos a la nariz’.
   
Con el tiempo, esa excusa para ausentarse de la reunión comenzó a utilizarse también para poder tener fugaces y apasionados encuentros sexuales con la amante de turno, quien esperaba al fogoso caballero en otra sala. De ahí que, al convertirse en una práctica común, se acabara aplicándose el término ‘ir a echar un polvo’ al acto sexual, y ello propició que cuando dichos caballeros, en uno de esos encuentros fugaces, estaba copulando con su amada,  cuando se preguntaba por su paradero, de inmediato alguien  respondía que salió “a echar un polvo”. Esto dio lugar a quela frase “echar un polvo”, con el paso del tiempo, comenzó a utilizarse  como sinónimo de coito.

2.    « ¡Vete a la porra!»

« Esta castiza expresión, que muchos creen nacida y cultivada en Madrid, pero cuyo uso se extiende hoy a toda España  (y algunos pueblos de América), procede de la expresión militar de castigo “¡Vaya usarced a la porra, seor soldado!”, y tiene su origen en el colosal bastón que llevaba el tambor mayor de los antiguos regimientos. Este bastón, muy labrado y rematado por un gran puño de plata, era conocido con el nombre de porra.
   
El tal bastón, clavado en cualquier lugar del  campamento, marcaba el sitio adonde tenían que acudir los soldados durante el descanso para sufrir el arresto impuesto por faltas leves que hubiesen cometido. La fórmula ¡Vaya usted a la porra! era correcta y usual, aunque ahora nos parezca dura y graciosa. El oficial, al imponer el arresto a un soldado, se expresaba en tales términos» (Tomado del libro “El porqué de los dichos”, Ariel, 2013, de José Mª Iribarren)
   
Cabe agregar que el soldado castigado debía permanecer de pie junto a la porrra (bastón) hasta que así lo considerara el superior que impuso la sanción.
   
Todo lo dicho antes significa que en el repertorio léxico  de nuestra lengua no existen voces incausadas, esto es, cada término tiene una historia, un porqué, un origen…