Ultima Actualización: martes 21 noviembre 2017  •  08:40 PM
Después de las lluvias
Publicado por Redacción Externa  |  Editorial |  viernes 25 noviembre 2016

El número de personas desamparadas que tenemos en el país ha crecido a consecuencia de las lluvias caídas en las últimas semanas. A los damnificados de siempre se agrega este ejército de personas que vieron impotentes cómo las aguas bravías de ríos, arroyos y cañadas se llevaban lo que habían construido con esfuerzos y sacrificios, mientras sus miradas llenas de tristeza seguían hasta el final el destino de sus sueños.

Al observar el nuevo panorama tenemos que admitir que nuestro país adolece de planificación. Vemos cómo las autoridades se muestran indiferentes, sobre todo en el sector vivienda, permitiendo el nacimiento de barrios que se levantan en zonas vulnerables, incluso hasta a orillas de ríos. Con una asombrosa actitud populista se permite todo con tal de no perder el favor electoral de los ciudadanos que construyen estas casas en zonas prohibidas. Importa más garantizar la llegada al poder que la seguridad de nuestra gente.

Entre las consecuencias de tantas lluvias caídas, que han empapado gran parte del territorio nacional, encontramos comunidades incomunicadas, puentes destruidos, viviendas que se fueron con el agua, una producción agrícola y pecuaria diezmada. En fin, el cuadro es desolador.

Los sectores público y privado deben unirse para juntos encontrar soluciones a los retos que nos presenta este panorama que aumenta la pobreza y la marginalidad de un segmento importante de la población dominicana.

Frente al dolor y la desesperación de tantas familias que lo perdieron todo tenemos que redoblar la solidaridad. Demostremos, una vez más, la generosidad que nos ha caracterizado a través de la historia. Participemos con vigor y entusiasmo en la tarea de reconstrucción de tantas comunidades desfiguradas por la inclemencia de un fenómeno natural que cambió el rumbo de su futuro.

No permitamos que los nuevos damnificados corran la misma suerte de aquellos que hace años sufrieron los embates de vaguadas, tormentas y huracanes y hoy continúan   esperando que se hagan realidad las promesas que les hicieron de transformar sus días grises y de olvido en días felices y dignos.