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El PRD, desempeño electoral y supervivencia

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 23 septiembre 2016

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y su dirigencia actual tienen que abocarse a una profunda reflexión y análisis sobre la actitud asumida por sus activistas en el proceso electoral pasado, persiste en la organización el vicio de la indisciplina, el no abrazar con entereza los proyectos colectivos y la táctica y estrategia.

Y persiste esa actitud por el germen de la división, las contradicciones sin sentido, la falta de compañerismo y unidad real.

Pena Gómez sufrió hasta las lágrimas esa situación, él sabía que el PRD era la real representación de clases o sectores de clase agrupado, llena de sus vicios y virtudes.

Pero que lamentablemente se imponía en el comportamiento y actitud de los dirigentes y militantes los vicios y no las virtudes.

Pena Gómez intentó de múltiples maneras enderezar la organización, disciplinarla, pero lamentablemente sucumbía y aplicaba salidas salomónicas, acuerdos y propuestas que aplazaban las perentorias decisiones que tenía que asumir para salvar y modernizar al partido blanco.

La creación del Bloque Institucional pudo ser uno de los acontecimientos más luminoso en ese propósito, pero los círculos intelectuales y dirigencia supuestamente liberar que le ataban en las decisiones, impidió el relanzamiento del PRD, su modernización y que la política tomara otros rumbos a lo interno y en el espectro de la nación.

Muerto Pena Gómez, pasados los años, gobiernos truncados, crisis partidarias, desempeños negativos hicieron nacer la voluntad de un dirigente, de un líder, Miguel Vargas, calculista y determinado a transformar la organización y adecuarla a los nuevos tiempos políticos, a la geopolítica y el pragmatismo necesario que la sometiera a una nueva generación y al mundo de hoy.

Los que históricamente se oponían a la modernización de la organización, a su adecuación a la política de hoy día, a la concertación y al cambio de vida política hicieron resistencia, veían que se derrumbaba su reinado de boato y privilegios políticos y partidarios, aplicaron la política de “tierra arrasada”.

Pero el calculista de Miguel Vargas estaba preparado para todas las resistencias, dispuesto a librar la batalla interna que no pudo abrazar el líder de siempre Pana Gómez.

Y venció Miguel Vargas, y lleva al PRD por nuevos caminos…

Y con el triunfo en las manos llamó a los disidentes a integrarse al esfuerzo de la construcción de un PRD actualizado, de principios, de disciplina, de política modernizantes, pero que va, ellos negaron la unidad de propósito, porque su objetivo era la eliminación moral y política del nuevo líder del PRD, Miguel Vargas, sacarlo de los escenarios paritarios y políticos, pero erraron el tiro…

Los tartufos del viejo PRD no visualizaron que había llegado a la organización hora del cambio, de una práctica política adecuada a los parámetros modernos, a la concertación, porque las ideologías y las grandes contradicciones quedaron atrás.

Ahí surgió entonces la visión, la táctica y estrategia electoral de alianza con Danilo Medina y el PLD bajo acuerdos programáticos y de participación en un Gobierno de Unidad y compartido.

Pero lamentablemente los vicios se impusieron, y los dirigentes del PRD en reflujo no abrazaron con la determinación de su líder Miguel Vargas la alianza, y el desempeño electoral no fue el esperado en termino porcentual.

No obstante, a pesar de los problemas, de la guerra desatada contra Miguel Vargas y el PRD, la organización salió victoriosa, y ahí está ese gladiador y calculista empoderando al partido blanco en el Gobierno de Unidad Nacional y Compartido.

Orondo de triunfo, Miguel Vargas observa que lo que se fueron, militantes y dirigentes confundidos piden y esperan regresar a su partido modernizado, actualizado y con un criterio político adecuado a los nuevos tiempos.

Momentos de glorias le espera al PRD, pero es preciso hacer un ejercicio de crítica y autocrítica, donde su dirigencia y militancia miren hacia la unidad, la concertación, la hermandad y el compañerismo…

El autor es periodista