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“En esta alta cuesta de la noche”

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  viernes 2 septiembre 2016

(Ultimo poema de Tomás Hernández Franco)

(Al arquitecto Rafael Tomás Hernández Ramos)

Fechada en Santo Domingo, el día 2 de septiembre de 1952, el entonces prestigioso diario La Nación publicó una extensa esquela acerca de la muerte del ilustre poeta tamborileño, Tomás Hernández Franco (Abril 29, 1904 – Septiembre, 1, 1952),  en cuyo primer párrafo se lee lo siguiente:
   
«El distinguido escritor y poeta dominicano, don Tomás Hernández Franco, falleció en horas de la mañana de ayer en esta ciudad, en el hospital Salvador Gautier, después de que la ciencia médica agotó todos los recursos para devolverle la salud perdida. El señor Hernández Franco había sido trasladado desde su residencia de Tamboril, en Santiago de los Caballeros, a esta ciudad para ser hospitalizado. El cadáver del escritor y poeta fue trasladado en horas de la mañana a Tamboril donde recibirá cristiana sepultura. La irreparable muestre del distinguido escritor dominicano – continúa la reseña de La Nación -  quien fue uno de los más apreciados colaboradores de este diario, enluta las letras nacionales. Su fallecimiento ha llenado de tristeza a cientos de corazones que le querían y estimaban. La Nación hace llegar su más sentida condolencia, en primer lugar a su esposa, doña Amparo Tolentino,  a sus hijos Tomás y Luciano, a su hermano espiritual, el célebre pintor dominicano don Jaime Colson, y a todos cuantos se sientan afectados por tan doloroso descenso »
   
Tres meses antes de su muerte, en junio de 1952,  Hernández Franco compuso “En esta alta cuesta de la noche”, su último poema, especie de autoelegía y en  el que su autor parece  presentir la muerte que en septiembre del antes citado año   lo sorprendería en su lecho de enfermo del  Hospital Salvador B. Gautier.  Junto a otros poemas: Oración para el próximo dolor”, Puedo jura ahora, Canción de amor en muerte para el hijo e  Inventar la palabra mansa,  conformó el reducido volumen  que con el título de Poemas Póstumos fue publicado un mes después  (octubre) de la desaparición física del autor.
   
“En esta alta cuesta de la noche”,  es una de esas piezas poéticas  que por su fúnebre acento parecen haber sido compuestas casi al pie del sepulcro. Se trata de un poema de lírico y doloroso acento,  en cuyos versos late la presencia del yo interior del poeta, y es  por ello que dichos versos entrañan  subjetivismo, intimismo y la manifestación de los sentimientos ante una  realidad objetiva: la muerte. La muerte, cuya derrota el poeta  resignadamente acepta (“Estoy vencido por ti, silencio”...) y con la cual parece sostener un diálogo  confidencial.

EN ESTA ALTA CUESTA DE LA NOCHE
   
«En esta alta cuesta de la noche,
de montaña a montaña,
y de mar a mar, eres tú, silencio, el único que hablas, y es tu estentórea voz, la que alza el huracán en los gritos del miedo.
   
Estoy vencido por ti, silencio,
pero yo puedo hablarte,
pero desde lo último de  mi última cobardía: porque hasta la noche está sin ti, sin nadie, y tan vacía.
  
 Hay un perro que ladra, asustado por haberte olfateado, ¡te presiente!
una flor invisible que en el  aire se mueve, debe estar su perfume tan quieto y tan  inútil, y hay un niño que quisiera ver en sueño a los ángeles,
soñando su sonrisa porque ha visto,
¡y tu voz tan opaca hablando de la muerte!
   
Lo sé. Es de ella de quien quieres hablar, silencio, y subiendo la sombra insomne de la noche, frente a tu tribuna sin lenguas y sin gestos,
ante ti, yo, desnudo, ante lo que no dices, Aplaudo, yo, único, solo, tu inmortal argumento.

“Es que la tumba espera,
y esperan los gusanos”

Antes de yo nacer, silencio, mi voz, como la tuya, anda suelta, sin eco, por noches como esta, era una voz sin huesos, sin sangre, sin cerebro,
Y temblaba en el viento como una cosa loca.
   
De aquello de ser loca, a través de mil  muertes, es el miedo de ahora,
el miedo de ella misma, frente a ti, silencio, sin respuesta en la noche. y hay que subir la cuesta del insomnio sin luz, silencio, hacia tu tumba y tus gusanos».

TOMÁS HERNÁNDEZ FRANCO
Junio de 1952