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¿Por qué el político se enferma tanto?

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  lunes 29 agosto 2016

¿Por qué el político se enferma tanto? Me hice esa pregunta luego de la lamentable partida de Hatuey De Camps. Su padecimiento se propaga con velocidad. Su promedio de vida debe ser menor que el de los demás.

Recuerdo que a raíz de la muerte de Néstor Kirchner, en Argentina tomó vigencia el libro “Enfermos de poder”, del  periodista y médico Nelson Castro. Esto así, porque desde el año 1983, cuando esa nación volvió a la libertad, tres de sus presidentes sufrieron episodios cerebro-vasculares que pusieron en peligro sus vidas: Carlos Menem, Fernando De la Rúa y el propio Kirchner, quien no resistió la mala jugada de su corazón.

En nuestro país, en la etapa democrática iniciada en el año 1978, tres líderes se fueron a destiempo, pues no superaron el cáncer: José Francisco Peña Gómez, Jacobo Majluta y Jacinto Peynado. Ahora Hatuey.

La actividad política aceleró sus afecciones, las convirtió en indomables. Y para nadie es un secreto que a todos les pidieron que “bajaran la guardia”, que lo tomaran “más suave”, que descansaran, y ni caso hicieron. Eran, en el buen sentido, tercos como mulas.

Todos tenían los mejores galenos y centros médicos del mundo a su disposición. Contaban con especialistas en alimentación. Podían hacer ejercicios sin problemas, con excelentes entrenadores en la materia. Pero, por más esfuerzo que realizaran y por más que se cuidaran, la adicción a la política los vencía, y el estrés, inoperable hermano siamés de la política, se adueñaba inmisericorde de sus cuerpos y mentes.

La política suele alterar la paz y perturbar el pensamiento, tanto entre los laboriosos, honestos y con vocación de servicio, como entre los vagos, charlatanes y supremos egoístas. Las conciencias no reposan.

A nuestros políticos les salen canas en un santiamén. Pierden el pelo con facilidad. Les nacen herpes por la tensión. Sus casas y oficinas son centros de batallas, de pedideras desde el amanecer. La palabra “privacidad” no está en sus diccionarios.

Naturalmente, hay excepciones, políticos destacados que vivieron hasta la vejez, como, por ejemplo,  Juan Bosch y Joaquín Balaguer.

Este artículo también lo asumo, pues me encanta la política. Concluyo: debo cuidar más mi salud.