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Deseos de un munícipe...

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  martes 23 agosto 2016

Como ciudadano y munícipe de esta ciudad de Santiago he visto pasar una administración tras otra y en los últimos años he visto como de forma inexorable ha ido perdiendo su brillo y principales atractivos.  No es buscar simplemente la crítica por criticar,  sino esperando una reacción de diversos sectores, como el político,  empresarial, eclesiástico y sociedad civil en general. No quieres decir que algunos de éstos ya mencionados no hayan  generado posiciones importantes frente a sus consideraciones y acciones. Sin embargo, pienso que ha llegado el momento en que se pueda permitir que lo que vemos de nuestra ciudad siga siendo una realidad como ha sido ya en los años anteriores.
   
Es cierto que ha iniciado una nueva administración edilicia que como decía en la entrega anterior,  no sólo supone Alcalde sino que también la responsabilidad la tienen los diversos regidores que componen el Consejo. Porque se asume que cada uno de éstos son como una especie de representantes legislativos de cada ciudadano de este municipio.  
   
Pienso que todo aquel que hoy ronda los cuarenta y más años puede recordar con nostalgia lo que era y fue Santiago como ciudad. Era el modelo a seguir para muchas otras.  Daba gusto decir a boca llena, expresar que era la ciudad más limpia y ordenada.  Pero eso hace años que ha sido cosa del pasado.  Pero de un ayer que luego de tantas promesas municipales y centrales parece una utopía o el de permanecer en un sueño para no estar constantemente en una pesadilla.            

El que hoy vemos en qué se ha convertido nuestra hidalga: basura por doquier, problema que se ha convertido en el Talón de Aquiles de muchas administraciones y con lo que se ha hecho buenos negocios privados pero de lo que la ciudad no ha sacado nada, solo pestilencia y asquerosidad. Cada esquina ha llegado a visualizarse como una pocilga y esto para quienes han salido del poder municipal es como si nada hubiese ocurrido y solo se conforman en vanagloriarse con obras que no eran pedidas ni solicitadas pero si "ambicionadas".  
   
Cada zona que antes era un espacio respetado,  hoy no se tiene respeto. Da lo mismo ver en calles del centro de la ciudad, como en el Monumento a los Héroes de la Restauración,  vertederos de desperdicios, así como mal olor y que abandono. Se puede decir que hay letrinas habilitadas en esta última zona.
   
Ir precisamente al caso urbano de la ciudad es reconocer que todo ahí está dominado por el caos y el desorden, en el que quienes ponen sus reglas son los que han ocupado las aceras y todo caminante tiene la necesidad de andar por las calles.      

Los espacios de parqueo o el que queda son zonas de centrales de las diversas compañías de taxis y guaguas. Ellos imponen su poder bajo la égida de la fuerza y el temor y como no han tenido autoridad alguna que la marque límites ya toda zona se ha convertido de forma permanente en sus estaciones de acopio.
   
La mayoría de los parques están fuera de recibir recursos del presupuesto participativo. Y hoy lucen abandonados, inseguros y son fuente de todo tipo de acciones ilegales.  
   
Lo que aparentaba ser una media adecuada de la administración anterior, de habilitar un área segura en la zona del Monumento para corredores y caminantes, parece que los miembros apostados allí desaparecieron  y brillan por su ausencia.
   
Sigue siendo un problema serio el tema de los cementerios y sus soluciones se han quedado truncas.  Al punto que todo se ha dejado al incremento de negocios privados en esa área. Es como si se hubiera querido hacer de este servicio público degradante para dar brillo a los intereses particulares.
   
En el aspecto de la seguridad, se ha querido pensar que las autoridades municipales están exentas de tal responsabilidad y no es así.  Y sino, veamos cómo se ha incrementado la delincuencia en Santiago.  No solamente debe ser labor de la policía ordinaria, lo que pasa es que todo se ha quedado en supuestos inspectores municipales que le han buscado esos puestos a personas sin darle las condiciones para ello o se colocan allí para buscarle un puesto a un compañero cualquiera del partido de turno.
   
En cuanto al caos del tránsito y su ordenamiento, la cantidad de franjas y rutas aprobadas para lucrar un gran negocio que ha servido para satisfacer exigencias particulares y hasta empresariales.  En cuanto a ordenamiento, se ha permitido que la ciudad no tenga rumbo de crecimiento y que donde sea se coloca plantas de gas o edificio de apartamentos sin régimen ni control de espacios y ni decir de la creación de "urbanizaciones cerradas" que sin estatutos ni reglamentos acorde a ley de condominios, pero por las relaciones con autoridades municipales crean sitios "privados", cerrando calles y entradas, solo por el capricho de personas inconscientes y prepotentes.
   
Como dejar pasar lo que fue y queda hoy de nuestro río Yaque del Norte, aquella fuerza y vigor es cosa de un buen pasado. Sus aguas limpias son hoy esclavas de la contaminación particular y empresarial de quienes bajo la indiferencia de autoridades, ha hecho del mismo la mayor cloaca municipal.
   
Tal como indiqué más arriba y en el artículo de la semana pasada, tenemos recién administración instaurada.  Lo único que espero como munícipe y pienso estoy interpretando el deseo de muchos,  que se le dará el beneficio de la duda sin  hacernos muchas ilusiones ni hacer pensamientos de grandes pretensiones,  tan solo que quienes les toca hoy dirigir los destinos de nuestra ciudad, inicien y se comprometan en hacer un cambio en lo que hoy es Santiago, para hacer del mismo un lugar más decente, limpio,  organizado, habitable y que volvamos a tener orgullo como munícipe de nuestra gran ciudad, que es nuestro gran hogar. Dejar atrás la indiferencia de diversos sectores y hasta de ciudadanos que dan impresión que se han acostumbrado a vivir en una especie de pocilga. Pienso que como seres humanos merecemos una mejor forma de vivir alejado del egoísmo, perversidades y ambiciones particulares de dos o tres.
   
A los actuales administradores de lo que fue la más bella ciudad, limpia y ordenada; que se cuide de dejarse atrapar de intereses maledicentes y perversos, que siempre se buscan las “oportunidades” en cada dirección municipal para sacar su provecho dependiendo de sus malsanos objetivos.
  
 Esperemos que los cambios sean posibles y nuestros mejores deseos de que todo lo que ha prometido pueda ser cumplido una gran parte y que utilicen todo su poder otorgado por el pueblo en beneficio de mejorar lo que hoy vemos y padecemos. Ojala que como ciudadano y doliente de la hidalga, no esté haciendo grandes expectativas y utópicas esperanzas, de querer  despertar de una terrible pesadilla como la que hemos padecido hace tiempo.