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“Los zapateros prodigiosos”

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 24 marzo 2016

“La Zapatera Prodigiosa” es el título de una farsa violenta escrita en dos actos por el destacado dramaturgo y poeta español Federico García Lorca (1898-1936) y lo tomo prestado para reemplazar el femenino al masculino y pluralizar el título, y referirme a un hecho ocurrido en esta ciudad de Santiago de los Caballeros en la década de1880, que involucró a los hombres que ejercían el oficio de zapatería,  una actividad centenaria, realizada  mayoritariamente por varones.

            El Santiago de entonces tenía una población muy reducida, alrededor de doce mil habitantes pero una ciudad “hidalga, trabajadora, entusiasta, emprendedora y de sobresalientes aspectos determinantes de vida para la nación” como la consideraba Pedro R. Batista C. en su libro “Santiago a principio de siglo”, especialmente en los aspectos culturales como las artes y la educación, pero no menos importante era su actividad económica y productiva.

            En el renglón educativo los textos históricos señalan la existencia de escuelas primarias, había un centro para la enseñanza de Caligrafía y Ortografía, así como un jardín para enseñar recitación y narraciones cortas. Escuelas y colegios para varones y hembras, entre ellas la de Don Pablo Franco Bidó, la de Lucrecia Espaillat, estudios avanzados para señoritas, la Escuela de Bachilleres dirigida por un profesor francés  llamado Monsieur Vieaux. El profesor Martínez Reyna enseñaba aritmética, geografía, historia y urbanidad.

            En el renglón producción había una combinación entre lo urbano y lo rural. Se cosechaba frutas para la exportación, fincas lecheras, pequeños y grandes productores de café y tabaco. Fábricas de ron… Un censo realizado y publicado en ese entonces consignó datos de la parte urbana que resumo así: la existencia de 2 bibliotecas públicas, 3 imprentas, 8 periódicos, 2 fotógrafos, 15 sastres, 3 dentistas, 215 cigarreras, 704 costureras, 61 tiendas mixtas de detalles, 42 músicos, y la presencia “masiva de pequeños negocios de zapatería”…

 

            Resulta que Santiago con esa actividad económica y por su cercanía con Puerto Plata y su muelle, aprovechaba la llegada de barcos que venían de paso provenientes de Europa hacia América continental y viceversa, que traían muchas cosas, entre ellas, compañías artísticas de teatro, de circo…que viajaban con un elenco mínimo por razones de presupuesto, y esperanzadas encontrar el restante personal artístico en las ciudades que visitaban.

            Así llegó a nuestra Ciudad Corazón una compañía italiana de teatro de ópera, aquel en que todos sus parlamentos son cantados. De inmediato, los visitantes diligenciaron el personal artístico que necesitaban: coristas para formar la coral, algunos cantantes secundarios y actores a la vez, y de músicos, pues como dije no viajaban con mucho personal.

            En poco tiempo reclutaron el recurso humano…los músicos aparecieron sin mucha dificultad y podían leer partituras, así que el problema fue encontrar a las personas para cantar y actuar, y, por supuesto el problema del coro era mayor, por la cantidad de personas y porque debían cantar en italiano. Pero ese problema fue resuelto de inmediato cuando le informaron a los distinguidos visitantes sobre la existencia de un grupo de obreros que cantaban esa obra como parte de su rutina de trabajo: los zapateros de Santiago que tenían esa formación artística y cultural de los clásicos.

            La función fue todo un éxito, gracias a “los zapateros prodigiosos santiagueros”.