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Políticas culturales privadas y públicas

Publicado por Redaccion Diario55  |  Opinión |  jueves 17 marzo 2016

El primer artículo de Cultura viva lo titulé “Obras teatrales publicadas en Santiago” para que me sirviera de testimonio escrito la obra “Más allá de la búsqueda” (Teatro 1963) del dramaturgo dominicano Iván García Guerra, y así referirme a la intensa actividad teatral realizada en esta ciudad , particularmente entre el período comprendido entre esa edición del citado autor y el siguiente y único libro puesto a circular aquí en 1981, y que por una feliz coincidencia el autor es el mismo Iván García Guerra, una figura de primer orden en la historia del teatro contemporáneo dominicano, por la calidad de los argumentos, porque es un artista que conoce plenamente sobre el arte de escribir obras dramáticas, por su sólida formación cultural y porque es un hombre fraguado “dentro” del teatro como actor, director, técnico, musicalizador… y un ser humano sencillamente excepcional.

Ese libro recoge las mismas cinco obras de la primera edición, y se adicionan otros importantes textos  que enriquecen la dramaturgia nacional como: Interioridades…que merecen una publicación por separado. En el segundo artículo escribí sobre el “Renacer” del teatro en Santiago y lo clasifiqué en seis planos: los grupos de teatro, los espacios físicos, las giras, los festivales, la enseñanza formal e informal y la popularidad de un método de actuación. Entonces hice una breve descripción de esos seis planos.

Si analizamos un poco ese contexto histórico-teatral de esos años nos podemos dar cuenta que lo que hubo en esos años fue la iniciativa espontánea de instituciones privadas de la ciudad, las de educación superior, los clubes culturales populares, los grupos teatrales…que invirtieron tiempo y recursos de todo tipo para impulsar esa actividad como factor de desarrollo para un país. Naturalmente detrás de esas actividades había un pensador que guiaba esas acciones; en el caso de las publicaciones teatrales de referencia, hay que mencionar una figura destacada de las letras y la cultura dominicanas: don Héctor Incháustegui Cabral, durante sus años como académico y director de publicaciones de la UCMM,  su valiosa contribución a la cultura desde la Ciudad Corazón es intangible. Es la misma voluntad de don Héctor cuando años después se inició un proceso y renovación en las artes desde el Centro de la Cultura de Santiago. A la sazón el poeta ya residía en Santo Domingo y ostentaba el cargo de Secretario de Estado sin Cartera.

Lo que deseo resaltar es que fue una iniciativa privada de personas e instituciones para fomentar la cultura, pero esa iniciativa contrastaba con la agenda oficial del gobierno de turno para diseñar e implementar políticas culturales, sin embargo,  levantaron algunos espacios físicos pero vacíos por dentro, en cuanto a programas formativos. Eran una especie de escaparates, de vidrieras para mostrar eventos y al mismo tiempo, debilitando las herramientas que sostienen y desarrollan a las naciones: educación y profesión. Por otro lado, reitero, se fueron cerrando las importantes academias municipales de música.

El Estado como agente es clave en los procesos de democratización de la cultura y para el desarrollo económico de una sociedad, como reflexionó Alejandro Grimson, pero también incrementa la autonomía y la libertad de los pueblos…que quizás no se quería impulsar.